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El villano que quiso ser bueno

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«Pondré en ustedes un corazón nuevo y un espíritu nuevo. Quitaré de ustedes ese corazón duro como la piedra y les pondré un corazón dócil» (Ezequiel 36: 26).

A principios del año 2013 se estrenó en las salas de cine de muchas partes del mundo la película Ralph, el demoledor. En un afán regresivo, la película retoma a personajes de videojuegos del pasado y arma con ellos una trama novedosa. En la película, Ralph es el villano del videojuego de los años ochenta Fix-It Felix, Jr., donde tiene por misión destruir la larga pila de ladrillos y ventanas que Félix, el reparador, se encargará de volver a levantar, convirtiéndose en el héroe más querido de los chicos.

Ralph ha sido el villano del juego por 30 años. Cansado de ser el malo de la historia e impopular entre todos sus conocidos, Ralph decide tomar el asunto en sus propias y gigantes manos, y se lanza en un viaje a través de las distintas generaciones de videojuegos para demostrarle al mundo que él también puede ser un héroe bueno y querido.

En su recorrido, Ralph conoce a la rigurosa sargento Calhoun, del videojuego de acción en primera persona Hero's Duty, y a la testaruda Vanellope von Schweetz, del videojuego de autos de carrera de caramelo Sugar Rush, quien quizás se convierta en su primera amiga verdadera. Pero todo cambia cuando irrumpe un enemigo mortal que amenaza con destruir el mundo de los videojuegos y a la propia Vanellope. Finalmente, Ralph tendrá la posibilidad de salvar su mundo en una especie de peligrosa carrera contra el tiempo y ver la oportunidad de ser el héroe que quiso ser.

¿Alguna vez te has sentido como Ralph, cansado de hacer siempre lo malo y sediento de amor en tu vida? No te culpo; ese es un anhelo que todos tenemos. Por muy apetitoso y estimulante que resulte el mal, más temprano que tarde acaba por fastidiarnos porque no fuimos hechos para eso. La Biblia dice que Dios «nos ha creado en Cristo Jesús para que hagamos buenas obras» (Efesios 2: 10).

Con todo, por más que luchemos en ser héroes y no villanos, no podremos hacerlo solos. Nuestros corazones son malos y no podemos cambiarlos. Se necesitan más que buenos propósitos y un plan inteligente para cambiar el rumbo de la vida. Necesitamos a Dios. En el texto de hoy Dios promete lo que nosotros no podemos hacer: un cambio de corazón. Si se lo pedimos, Jesús nos dará un corazón de carne y quitará nuestro corazón de piedra. Entonces, Dios nos hará un verdadero héroe y no un villano.

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