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La mayoría sabe del lado oscuro de la persecución y la muerte de millones de judíos ordenada por Adolfo Hitler. Lo que pocos saben es que Hitler tenía un lado más benigno: le encantaban las artes, especialmente la pintura.
En sus inicios artísticos, Hitler vivía en constante pobreza e intentando subsistir de postales pintadas por él con paisajes de la ciudad de Viena. Ya que era un hombre de extrema exigencia técnica, prefería usar la mayor parte de sus ingresos en aprender de pintura. Adolfo adquirió la mejor calidad en pinceles, lienzos y pinturas. Apenas conseguía comida y techo en un refugio para desamparados o dormía debajo de un puente.
Dos veces fracasó en su intento de ser admitido en la Academia de Bellas Artes de Viena por no satisfacer el talento deseado por la escuela. Con todo, el joven Hitler no dejaba de ser una persona inteligente y talentosa, aunque era muy inestable emocionalmente. El rencor que le ocasionó el rechazo de la Academia, sumado a la desaprobación de su sensibilidad artística por parte de su padre, su paupérrima situación económica y las constantes humillaciones de sus conocidos cercanos por su frágil condición física y su enorme ego hicieron de él un hombre rígido y presumido.
Ya en el poder, Hitler reunió una colección de piezas de arte, algunas compradas, pero otras muchas fueron robadas de familias judías pudientes o de los museos de los países que invadía. Se piensa que llegó a acumular unas 5000 obras de diversos artistas europeos con las cuales pensaba abrir un museo. Investigaciones en la República Checa dieron con obras que el Führer mandó a esconder y que ahora son patrimonio de la nación.
¿Cómo puede una persona procurar con pasión algo tan sublime como el arte y, al mismo tiempo, odiar a la humanidad como lo hizo Hitler? La respuesta es que en la humanidad cohabitan dos fuerzas: la del bien y la del mal, y esta última conquistará a la primera a menos que Dios transforme nuestro ser. Es más, aun lo bueno que hacemos se vuelve malo, dice el texto bíblico de hoy, porque nuestro corazón es malo. Lo mejor del ser humano se echa de ver solo cuando Dios toma la vida y transforma el interior por la acción del Espíritu Santo. Ábrele a Jesús tu corazón y él hará de ti una persona pura para su gloria.