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El héroe se sacrifica

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«Bien, pero fueron cortadas porque no tenían fe, y tú estás ahí únicamente porque tienes fe. Así que no te jactes, sino más bien siente temor» (Romanos 11: 20).

Cuando de jugar béisbol se trata, la mayoría de los muchachos se miran a sí mismos como aquellos grandes jonroneros que ponen a temblar a los pícheres. Sueñan con botar la pelota a las gradas en cada turno al bate. En 2001, por ejemplo, Barry Bonds bateó 73 jonrones y Mark McGwire, en 1998, llegó a batear 70 cuadrangulares. Babe Ruth bateó 54 cuadrangulares en 1920 cuando el jugador que obtuvo el segundo lugar apenas llegó a 19 jonrones.

Pero no todo en el béisbol es jonrones. A veces, los mánager les ordenan a los jugadores no batear las pelotas con toda su energía, sino apenas a tocarlas. De hecho, así se llama esa jugada, el «toque de pelota». Esta consiste en que el bateador se coloca en posición normal para recibir la bola, pero pocos instantes antes de que el pícher suelte el tiro, el bateador se cuadra y extiende un poco el bate para que la pelota choque sin abanicar. Esta jugada se hace cuando hay jugadores en las bases con la intención de provocar que aquellos avancen mientras el bateador es puesto fuera. Es una jugada de sacrificio.

Los registros históricos del béisbol indican que los jugadores más destacados son aquellos que han logrado más de 300 sacrificios. Y quien ostenta el récord mundial con 533 es Masahiro Kawai, parador en corto de varios equipos japoneses que se retiró del juego activo en 2006. Bien podríamos decir que Kawai es el jugador más sacrificado del béisbol en el mundo.

Somos más dados a visualizarnos como gente que logra mucho que como personas que se sacrifican. Difícilmente habrá quienes quieran destacarse por poner el ambiente apto para que los demás sobresalgan. Pero eso es lo que la Biblia nos pide hacer y empieza con la forma en que pensamos de nosotros mismos. En nuestro texto de hoy, Pablo nos anima a no ser arrogantes. En otra parte de Romanos, Pablo dice que cada uno «piense de sí con moderación» (12: 3). Esto es, no pensemos que somos más importantes que los demás y que el aplauso es solo para nosotros.

La Biblia nos pide hacer todo lo posible por el beneficio de los demás. Busquemos hoy formas efectivas para que los demás sobresalgan mientras nosotros nos sacrificamos. Desafiémonos a hacer un «toque de pelota» en nuestras actividades de hoy a fin de que alguien más se lleve el crédito de «anotar una carrera».

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