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El descendiente del héroe

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«Porque el amor al dinero es raíz de toda clase de males; y hay quienes, por codicia, se han desviado de la fe y se han causado terribles sufrimientos» (1 Timoteo 6: 10).

Uno de los héroes más respetados en la península ibérica es el Cid Campeador, cuyo nombre es Rodrigo Díaz de Vivar. Armado como caballero, sirvió en expediciones del rey Fernando I. Luego, llega a ser príncipe bajo Sancho y pelea muchas batallas entre castellanos y leoneses. El Cid colabora con diversos reyes, tanto cristianos como musulmanes, llevando a cabo importantes conquistas.

Los triunfos y vicisitudes de Rodrigo Díaz de Vivar dieron surgimiento al primer cantar de gesta de la literatura española, llamado el Cantar de mio Cid. Como las hazañas del Cid Campeador eran narradas de boca en boca, algunas de ellas se hicieron legendarias, aunque no fueran del todo ciertas.

Cuenta la historia que el Cid Campeador regaló a sus dos yernos sendas espadas conmemorativas como símbolo de aceptación en la familia. Hoy se las conoce como la espada Tizona y la espada Colada. Como las hijas fueron maltratadas por los yernos, el Cid Campeador echó a los yernos de la familia y recogió las espadas. Una de esas míticas espadas, la Tizona, fue objeto de una polémica en tiempos modernos.

El último de los herederos de Rodrigo Díaz de Vivar, José Ramón Suárez de Otero, recibió el beneficio de la herencia universal de los bienes del Campeador. Viendo el valor de la espada y que era parte del legado familiar, Suárez de Otero realizó gestiones para su venta. La venta se realizó en 2007 por la cantidad de 1 600 000 euros.

Lo que Suárez de Otero no hizo fue convenir con los otros herederos en sus intenciones de vender la espada. Al actuar por su cuenta, retuvo el dinero de la venta en su bolsillo en detrimento de los derechos de los demás herederos. Pronto, aquellos demandaron a Suárez de Otero y un juzgado madrileño lo condenó a pagar la mitad del dinero de la venta a los demás herederos.

Los valores de un héroe no pasan automáticamente a su descendencia, en especial cuando hay dinero y recursos materiales de por medio. El Cid Campeador representó lealtad y sacrificio por los intereses del reino castellano. Nuestro conquistador, Cristo Jesús, es el símbolo del renunciamiento y del servicio por amor. No permitamos que la avaricia por las ganancias terrenales nos coloque en contradicción con los altos principios por los que nuestro héroe salvador vivió y murió.

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