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Te contaré de Benito, una jirafa de cuatro años que llegó el 23 de enero de 2024 a su nuevo hogar en un gran parque de animales del centro de México, llamado Africam Safari. Se pronosticaba que Benito viviría inicialmente junto a siete jirafas, tres machos y cuatro hembras, una de ellas una cría de un mes.
Benito fue trasladado tras la presión de los defensores de animales: había vivido solo desde mayo en un polvoriento parque urbano de Ciudad Juárez, una localidad fronteriza del norte del país. Tras un viaje de unos 2000 kilómetros, Benito ya se encontraba a salvo en una gran caballeriza del parque, donde fue sometido a evaluaciones médicas y psicológicas, y se le trató una parasitosis antes de reunirlo con su nueva familia. Pero ahora comenzaba la etapa más difícil: adaptarse a una manada de siete en su nuevo vecindario.
Después de su rescate, Benito se convirtió en un símbolo de esperanza y generó mucha atención en los medios de comunicación y en las redes sociales. Fue un evento significativo que capturó la atención de muchas personas y generó un gran interés en la conservación de la vida silvestre.
Toda la creación le pertenece a Dios, que la ama y se preocupa por ella. Él provee sustento para todos los animales tan ciertamente como provee para los seres humanos. Si Dios tiene tal interés por los animales, ¿hemos de ser nosotros descuidados con ellos? Un verdadero héroe es aquel o aquella que siente como Dios siente y se enfoca en lo que a Dios le interesa. Ser considerado con los animales, como quienes rescataron a Benito, es algo que a Dios le interesa.
Desde un principio, el Señor comisionó a Adán a cuidar de la creación (Génesis 2: 15). Más tarde, Dios dio indicaciones adicionales sobre el cuidado de los animales. Por ejemplo, dar descanso semanal a las bestias de carga (Éxodo 23: 12), dejar la tierra sin cultivar cada siete años para beneficio de los pobres y los animales (Levítico 25: 3-7), no poner bozal a los bueyes mientras trillan (Deuteronomio 25: 4) y cuidar de la vida del ganado (Proverbios 12: 10).
Tanto la creación animal como nosotros aguardamos con ansiedad la revelación de los hijos de Dios (Romanos 8: 22-23). La Biblia habla de convivir en la tierra nueva con animales que estarán libres de inclinaciones al mal y con quienes compartiremos la eternidad. ¿No sería maravilloso convivir con ellos?