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Los héroes luchan por el bien, por lo que es justo y recto. Pero en un mundo como el nuestro, donde el pecado enturbia las aguas de la moral, las cosas no siempre son color blanco o negro. ¿Será que el fin justifica los medios? ¿Se puede ser héroe mientras se traspasan principios éticos?
Hans Dohnanyi fue un jurista alemán y luchador contra el régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Como abogado y alto funcionario en el Ministerio de Justicia alemán, Dohnanyi utilizó su posición para recopilar información y apoyar la resistencia. Fue una figura clave y desempeñó un papel crucial en la organización y ejecución de esfuerzos para derrocar a Hitler.
Resistir a un gobierno no es una postura fácil, ni física ni moralmente. Dohnanyi era creyente cristiano y sabía que los cristianos están para apoyar a sus gobernantes (Romanos 13: 5) siempre que los principios que rigen la conciencia moral no sean atropellados (Hechos 4: 19-20). Como muchos otros, Dohnanyi creía que el régimen nazi era inmoral, así que realizó acciones para detener lo que se consideraba inmoral, como los crímenes contra la humanidad.
Dohnanyi facilitó la emisión de documentos falsos y visas que les permitieran a los judíos escapar de la persecución nazi. También ofreció refugio y apoyo a judíos en riesgo y trabajó en la organización de redes de rescate. Dohnanyi ayudó en la recopilación de información sobre los crímenes nazis, lo que contribuyó a la concienciación internacional sobre la situación de los judíos y otros perseguidos por el régimen nazi. Recordemos que todas estas acciones implicaban violaciones a disposiciones del gobierno nazi.
Pero Dohnanyi dio un paso más osado: estuvo involucrado en varios planes para asesinar a Adolfo Hitler, el líder del gobierno nazi. Dohnanyi fue finalmente arrestado por la Gestapo y ejecutado en 1945. Su valentía y sacrificio en la lucha contra los nazis han llevado a muchos a considerarlo un héroe.
Pero ¿es legítimo calificar a este abogado como un héroe? ¿Es Dohnanyi un ejemplo de solidaridad y humanidad? Jesús dijo que su reino no es de este mundo (Juan 18: 36), y cuando fue atrapado, los discípulos preguntaron si atacaban con espada. El Maestro dijo: «Déjenlos; ya basta» (Lucas 22: 49-50). Pablo agregó después que «las armas que usamos no son las del mundo» (2 Corintios 10: 4). En efecto, los héroes no pelean así.