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El Héroe Que No Vendió Su Mejor Pintura

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«Ustedes mismos son la única carta de recomendación que necesitamos: una carta escrita en nuestro corazón, la cual todos conocen y pueden leer» (2 Corintios 3:2).

La gran ventaja de un mundo como el nuestro es que podemos aprender lo que sea gracias al apoyo de las tecnologías de la información. Prácticamente, no hay conocimiento que no podamos adquirir o destreza que no podamos cultivar de manera autodidacta si nos dedicamos a ello.

Alguien en un video que vi recomendó que la mejor forma de aprender fotografía es ir a los clásicos de las artes visuales, a los grandes pintores del mundo. Con el tiempo, desarrollé una atracción hacia los pintores holandeses, particularmente aquellos del período del Siglo de Oro como Rembrandt van Rijn y Johannes Vermeer. Compré varios libros sobre Vermeer y descubrí cosas muy interesantes.

El cuadro de Vermeer que me conquistó fue El arte de la pintura o La alegoría de la pintura. La obra presenta a una mujer, quien personifica la pintura, sosteniendo un compás y mirando hacia un caballero, quien simboliza la historia. Aunque no hay total claridad al respecto, se cree que Vermeer la creó como una declaración de su compromiso con el arte de la pintura. La pintura también ha sido interpretada como una representación de la importancia del arte y de la creatividad, así como una declaración sobre la relación entre la realidad y la representación artística.

Esta pintura es considerada por algunos como su obra más compleja y es famosa por nunca haber sido vendida durante la vida del artista. La obra no habría sido creada para la venta, sino para exhibición. Se cree que Vermeer la mantuvo en su colección personal como una demostración de su habilidad artística y para usarla como pieza de exhibición para posibles clientes. Es decir, la obra tenía el propósito de mostrar a los clientes quién era el artista y no una forma de ganar dinero.

Nuestras destrezas y conocimientos nos pueden generar dinero, especialmente en el campo profesional. Sin duda, soñamos con una profesión que nos sustente y nos dé una buena calidad de vida, lo cual es aceptable. Pero un héroe va más allá del interés material por el dinero y reserva lo mejor que tiene para darse a conocer: sus valores y rasgos de carácter. Un héroe no vende sus principios; se los queda. Pablo dice que somos cartas abiertas, conocidas y leídas por todos. Hagamos de nuestro carácter el día de hoy nuestra carta de presentación para que, por nuestras virtudes, todos sepan que somos legítimamente cristianos.

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