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En 1981, la Serie Mundial de Béisbol se jugó entre los Yankees de Nueva York y los Dodgers de Los Angeles. Fernando Valenzuela, con apenas 20 años, era ese fenómeno mexicano que había causado tanta sensación como pícher de los Dodgers, y que ese año ganaría los premios Novato del Año y el Cy Young.
Los primeros dos juegos de la Serie los ganaron los Yankees. Para el tercer juego, los Yankees tenían en el montículo a Dave Righetti, otro extraordinario novato. Los Dodgers colocaron a Valenzuela. Aunque Valenzuela se veía seguro, tuvo algunas dificultades de control. Desde la primera entrada dio dos bases por bolas. Pero con un double play escapó de los problemas y siguió con el juego. Cuando al fin de esa entrada les tocó a los Dodgers batear, un jonrón de tres carreras les dio una cómoda ventaja.
Durante la segunda entrada, los Yankees acortaron la distancia 3-2, y en la tercera entrada dieron la vuelta 4-3. Fue allí cuando el mánager Tom Lasorda subió al montículo a hablar con Valenzuela. Lasorda ya tenía al pícher relevista calentado, pero Valenzuela dejó en claro que quería seguir adelante. Inexplicablemente, Lasorda dejó seguir a Valenzuela. «Todo el mundo pensó que lo iba a sacar», dijo Lasorda en una entrevista después.
Mucha gente quería que lo eliminara, pero yo lo conocía. Le encantaba salir de apuros. Solía lanzar como si no supiera que teníamos un bullpen. No le gustaba salir de los juegos. Muchos muchachos, cuando se meten en problemas, miran desde el montículo buscando ayuda. Pero no Valenzuela.
Lasorda finalmente regresó al dugout, no sin antes darle a Valenzuela unas últimas palabras de aliento. «Si no permites otra carrera, vamos a ganar este juego».
Y así fue. Los Dodgers recuperaron la ventaja en la mitad de la quinta entrada. Valenzuela se metió de nuevo en líos en la parte alta de la octava, pero una gran jugada de tercera base generó un double play que salvó la entrada. En la novena, Valenzuela retiró en orden a los tres bateadores y se adjudicó el juego. En lo sucesivo, los Dodgers ganarían la Serie Mundial. Y todo porque el mánager confió en su pícher. Cuando alguien ponga su confianza en nosotros, demos lo mejor. Es tan heroico lo uno como lo otro.