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Los héroes verdes

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«Cuando Dios el Señor puso al hombre en el jardín de Edén para que lo cultivara y lo cuidara» (Génesis 2: 15).

Cuando llegué a trabajar a la Universidad Adventista del Pacífico en Papúa Nueva Guinea, me enteré de algunos de los proyectos de investigación que la institución impulsaba. Uno de ellos tenía que ver con la medición del índice de radiación en las aguas de las costas papuanas producto del accidente nuclear en Fukushima, Japón, en marzo de 2011. Seis años después de las explosiones aún había indicios de radiación que estaban dañando la vida marina.

Respecto al cuidado del medio, probablemente ya muchos han oído de Greenpeace, una organización fundada por activistas ambientales en Vancouver, Canadá, en 1971. Entre los cofundadores se encontraban Irving Stowe, Dorothy Stowe, Ben Metcalfe, Marie Bohlen, Jim Bohlen, Paul Cote y Bob Hunter. La organización nació como una respuesta a los ensayos nucleares estadounidenses en la isla de Amchitka, en Alaska.

El grupo estaba preocupado por los posibles efectos devastadores de las pruebas nucleares en el medio ambiente y la vida marina. Decidieron organizar una campaña para detener los ensayos nucleares y, para hacerlo, alquilaron un barco de pesca llamado Phyllis Cormack, lo renombraron Greenpeace, y zarparon hacia la isla de Amchitka en septiembre de 1971.

Aunque no pudieron detener las pruebas nucleares, el viaje de Greenpeace llamó la atención internacional sobre los peligros de la energía nuclear y esto sentó las bases para la futura actividad de la organización. Después de su primera campaña, Greenpeace continuó su trabajo de defensa ambiental y se involucró en una serie de esfuerzos exitosos, incluyendo la lucha contra la caza de ballenas, la protección de los bosques y la promoción de energías renovables. Con el tiempo, la organización se convirtió en una de las más influyentes y reconocidas a nivel mundial en la lucha por la protección del medio ambiente.

Ahora, la vida marina está en peligro por una nueva amenaza: la explotación minera en aguas profundas. Mientras escribo estas líneas, Greenpeace apoya la moratoria para frenar el inicio de la minería submarina en aguas fuera de la jurisdicción litoral mexicana. Las profundidades marinas son el hogar de miles de especies únicas, y algunas podrían extinguirse incluso antes de que las conozcamos.

Hay que hacer algo antes de que este mundo pierda valiosas especies y calidad de vida. El encargo de Dios a Adán sigue siendo válido: labrar y cuidar la tierra. En eso, todos podemos convertirnos en héroes. ¿Cómo podemos colaborar?

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