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El héroe adoptado

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«Pues ustedes no han recibido un espíritu de esclavitud que los lleve otra vez a tener miedo, sino el Espíritu que los hace hijos de Dios. Por este Espíritu nos dirigimos a Dios, diciendo: "¡Abbá! ¡Padre!"» (Romanos 8: 15).

Steve Jobs, el cofundador de Apple, fue dado en adopción poco después de nacer y fue criado por Paul y Clara Jobs, una pareja de California. A pesar de ser amado y cuidado por sus padres adoptivos, Steve Jobs luchó durante muchos años para aceptar su condición de hijo adoptado y para reconciliar su identidad con su historia familiar.

Según relatos biográficos y entrevistas, sus padres adoptivos le informaron acerca de su adopción cuando era un niño. Se dice que le contaron la verdad sobre su origen de una manera honesta y amorosa, explicándole que lo habían elegido y amado como a un hijo propio.

Aunque inicialmente la noticia de su adopción pudo haber sido impactante para Steve, se dice que sus padres adoptivos siempre le brindaron un ambiente de amor, de apoyo y de comprensión para que pudiera procesar esa información. Con todo, a lo largo de su vida, Jobs experimentó sentimientos de abandono, de rechazo y de búsqueda de identidad, los cuales influyeron en su personalidad y en su forma de relacionarse con los demás. A pesar de tener una relación cercana con sus padres adoptivos, Steve Jobs anhelaba conocer más sobre sus orígenes biológicos y sobre la familia que lo había dado en adopción.

Con el tiempo, logró superar sus conflictos internos y encontró la manera de integrar su historia de adopción en su identidad. Aprendió a valorar el amor y el apoyo incondicional que recibió de sus padres adoptivos, reconociendo que la familia no se limita a los lazos de sangre, sino que se construye a través del amor, del respeto y de la conexión emocional. Steve Jobs expresó su agradecimiento y amor hacia sus padres adoptivos, reconociendo el papel fundamental que desempeñaron en su crianza y en su desarrollo como persona.

La adopción puede plantear desafíos emocionales y de identidad; también puede ser una oportunidad para crecer, aprender y fortalecer los lazos familiares. Lo mismo sucede en el campo espiritual. Cuando aceptamos a Jesús como salvador, no solo recibimos el perdón de nuestros pecados, sino que también recibimos el espíritu de adopción. Es decir, entramos en una relación familiar tan cercana con Dios que le da un nuevo sentido a la vida. Vernos como hijos de Dios nos permite reflexionar sobre la importancia de la aceptación, de la gratitud y del amor en la relación con Dios, algo que nos hará crecer a la semejanza de nuestro Padre celestial. 

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