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Entre los estudiantes adolescentes prevalece la idea de que las matemáticas son difíciles y peor aún, no son para todos. Solo algunos que tienen la inteligencia matemática más acentuada pueden moverse con confianza entre los números y las operaciones. Es cierto, las matemáticas pueden ser difíciles, pero hay niveles para todas las inteligencias. Además, hay algo más importante que los logros matemáticos.
En el año 2000, el Instituto Matemático Clay seleccionó los que denominó los Problemas del Milenio. Son siete problemas matemáticos considerados los desafíos más importantes y difíciles de la matemática contemporánea. Resolver cualquiera de estos problemas supondría un avance significativo en el campo de las matemáticas y tendría un impacto profundo en nuestra comprensión del mundo. Los siete Problemas del Milenio son:
* La conjetura de Birch y Swinnerton-Dyer.
* La conjetura de Hodge.
* La hipótesis de Riemann.
* La conjetura de Poincaré.
* La conjetura de P vs. NP.
* La conjetura de Yang-Mills.
* La conjetura de Navier-Stokes.
Estos problemas abarcan diversas áreas de las matemáticas, desde la teoría de números hasta la geometría diferencial y la física matemática. Hasta la fecha, solo la conjetura de Poincaré ha sido resuelta; ahora se llama el teorema de Poincaré.
Imaginemos que tenemos un globo inflado. La conjetura de Poincaré se pregunta si cualquier objeto tridimensional que no tenga bordes ni agujeros puede transformarse, sin romperlo ni cortarlo, en algo parecido a una esfera. En otras palabras, se cuestiona si es posible que todo espacio cerrado sin agujeros sea, en esencia, una esfera en tres dimensiones. El ruso Grigori Perelman encontró una manera brillante de demostrar que la conjetura de Poincaré es cierta. Utilizó herramientas matemáticas muy avanzadas para mostrar que, efectivamente, cualquier objeto tridimensional sin agujeros se puede transformar en una forma sin agujeros.
El trabajo revolucionario de Perelman le valió el reconocimiento internacional. Pero Perelman rechazó todos los premios y reconocimientos, incluyendo la medalla Fields y el Premio del Milenio del Instituto Clay, que incluía un bono de un millón de dólares. Su motivación era resolver un problema muy importante que nadie más pudo resolver durante más de cien años. Se dedicó de lleno, prácticamente en aislamiento, durante 7 años de su vida. Absolutamente, nada más le importaba, ni el dinero, ni la fama.
Hay quienes sueñan con lograr algo solo para recibir aplausos. Hacer buenas cosas, incluso dar limosna, tiene mayor reconocimiento cuando se hace con desinterés y modestia. Nuestro Padre celestial, que nos ve en secreto, nos recompensará en público.