Regresar

El héroe mentor

Play/Pause Stop
El héroe mentor «Por eso te recomiendo que avives el fuego del don que Dios te dio cuando te impuse las manos» (2 Timoteo 1: 6).

Jackie Robinson fue mucho más que un jugador de béisbol. No solo fue un atleta excepcional, sino también un defensor de la igualdad y la justicia. Nacido el 31 de enero de 1919 en Georgia, Robinson se convirtió en el primer jugador afroamericano en la historia de las Grandes Ligas de Béisbol en 1947, cuando debutó con los Dodgers de Brooklyn. Su presencia en el campo desafió las normas segregacionistas de la época y allanó el camino para que otros atletas negros pudieran competir en ligas profesionales.

Branch Rickey fue el mánager que abrió las puertas y apoyó incondicionalmente a Jackie Robinson. Rickey fue el presidente y gerente general de los Brooklyn Dodgers en ese momento y fue quien tomó la histórica decisión de firmar a Robinson, rompiendo así la barrera racial en las Grandes Ligas de Béisbol. Rickey creía en el talento y en la integridad de Robinson, y juntos enfrentaron el desafío de la discriminación y el racismo en el deporte.

En ese tiempo no había una ley escrita que prohibiera que hombres de color jugaran en las Ligas Mayores. Antes de contratarlo, Rickey le dijo a Robinson que esperaba que pudiera tener la fuerza para no responder a los insultos y a las provocaciones racistas que seguramente enfrentaría en el campo. Para ilustrar su punto, Rickey le contó a Robinson una historia sobre un hombre que fue insultado y humillado públicamente por su color de piel cuando cruzaba cierta noche por un campo de cultivo. El hombre resistió y no respondió a los insultos. Rickey explicó que esa decisión le había dado al hombre de color paz interior durante años.

El apoyo y la sabiduría de Rickey fueron fundamentales para preparar a Robinson para los desafíos que enfrentaría en su carrera y para recordarle que su lucha por la igualdad requería valentía y paciencia. Es un ejemplo poderoso de cómo el apoyo de un mentor puede marcar la diferencia en la vida de una persona y fortalecer su determinación para enfrentar las injusticias con coraje y dignidad.

Esa misma relación se vio entre Pablo y Timoteo. De no haber sido por la mentoría y el apoyo temprano de Pablo, el joven Timoteo no se hubiera convertido en el gran líder de la iglesia que llegó a ser. Nosotros también necesitamos un mentor. Pidámosle a Dios que nos provea ese líder espiritual que tanta falta hace.

Matutina para Android