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Los villanos intemperantes

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«En cambio, lo que el Espíritu produce es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio» (Gálatas 5: 22-23).

En el apogeo de la era de los teléfonos inteligentes, el BlackBerry era el rey indiscutible. Con su icónico teclado físico y su enfoque en la seguridad, se convirtió en la herramienta preferida para profesionales y ejecutivos de todo el mundo. Su éxito fue monumental, catapultando a la compañía a la cima del mercado.

El éxito inicial de BlackBerry (anteriormente conocida como Research In Motion RIM) se debió principalmente a dos factores clave. Primero, innovación tecnológica. BlackBerry fue pionera en desarrollar los primeros dispositivos móviles enfocados en el correo electrónico y en la mensajería instantánea corporativa. Sus dispositivos con teclado físico QWERTY permitían a los profesionales acceder y responder emails de manera eficiente desde cualquier lugar. Esto revolucionó la movilidad laboral en una época pre smartphone.

En segundo lugar, sólidos servicios de seguridad. Las empresas y gobiernos confiaban en BlackBerry gracias a sus sólidos protocolos de encriptación y seguridad de la información. El servicio BlackBerry Enterprise Server (BES) proveía una plataforma cerrada y segura para el manejo de datos corporativos sensibles en los dispositivos.

Estos dos factores diferenciales hicieron que BlackBerry se posicionara como la marca líder en dispositivos móviles corporativos durante la primera década de los 2000. Sus productos eran vistos como herramientas de productividad empresarial insuperables en su momento. Ejecutivos, profesionales y funcionarios gubernamentales en todo el mundo adoptaron masivamente los «berries» por su enfoque práctico en comunicaciones seguras. Esto le permitió a la empresa canadiense crecer exponencialmente e imponerse en el incipiente mercado de la movilidad corporativa.

Al poner funciones seguras de correo electrónico y mensajería instantánea en el teléfono, BlackBerry hizo lo que nadie había hecho: hacer posibles tareas de oficina en cualquier lugar y momento. Y aunque eso está genial, hay un inconveniente: ahora los profesionales y ejecutivos podían trabajar prácticamente las 24 horas del día. Eso derriba un principio bíblico vital, el cual es la temperancia.

El Señor pensó en la temperancia como aquella práctica que permitiría a la humanidad guardar equilibrio, reponer energías y reconectarse con quienes no podemos darnos el lujo de perder: Dios y la familia. Desconectarse del trabajo y las tareas cotidianas es necesario para la salud integral. Trabajamos durante el día para desconectarnos en la noche; trabajamos durante la semana para descansar el séptimo día. Esa capacidad de guardar el equilibrio y ser temperantes en todas las cosas es un fruto del Espíritu Santo, un fruto que tú y yo podemos pedirle a Dios desde este momento.

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