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Uno de los desafíos que viven los creyentes cristianos, especialmente los jóvenes, es sostener firme su religión en su círculo social. A los adolescentes les cuesta parecer diferentes delante de sus amigos, y es peor si eso implica la posibilidad de ser objeto de burlas. En consecuencia, los jóvenes cristianos «reservan» su religión para los sitios donde no hay riesgos sociales; básicamente, la iglesia.
Platicaré sobre Santiago Giménez, un futbolista conocido por su habilidad como delantero y por su capacidad para marcar goles. Campeón con el Feyenoord en la Liga de Países Bajos, Giménez metió el gol para que la Selección Nacional de México ganara la más reciente Copa Oro. Santiago Giménez se ha convertido en uno de los favoritos de la fanaticada azteca.
Giménez pertenece a una religión conocida como la Masía Cristiana, un grupo que se dedica a evangelizar a los futbolistas y a sus familias en diversas partes de América Latina. Es un movimiento religioso fundado en 2015 por el jugador chileno Julio Pastén, quien anteriormente jugó en el Colo Colo de su país. Julio Pastén es reconocido como el «pastor de los futbolistas» y ha logrado atraer a deportistas destacados a su grupo.
Este grupo religioso se caracteriza por integrar a futbolistas conocidos, como Matías Fernández, Igor Lichnovsky, Dieter Villalpando, Víctor Dávila, Luis Felipe Gallegos y Marcos González, entre otros. La Masía Cristiana tiene presencia en varios países como Colombia, México y Paraguay, y tiene como misión difundir «la Palabra de Dios» entre la mayor cantidad de personas posible.
Uno de los enfoques principales de la Masía Cristiana es aprovechar la popularidad y el alcance de los jugadores de fútbol en las redes sociales para difundir sus creencias y valores, utilizando la influencia de estos deportistas para llegar a un público más amplio y potencialmente fortalecer a la organización. Por ello, no es extraño mirar a Giménez en sus redes sociales haciendo alusión abierta a su fe en Dios. También suele arrodillarse en la cancha y dar gracias a Dios después de anotar un gol.
Esa visión de la religión es extraordinaria, y es justamente lo que Pablo le recomendaba a Timoteo en nuestro texto de hoy: «No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor». No se trata de ser perfecto, se trata de que los demás sepan que amamos a Dios y que lo que hacemos va encaminado a dar gloria a su nombre.