Regresar

La heroína reina

Play/Pause Stop
«Pero la reina se negó a cumplir la orden que el rey le había dado por medio de sus hombres de confianza. Entonces el rey se enojó mucho» (Ester 1: 12).

En los años que viví en Papúa Nueva Guinea, tuve el gusto de conocer a estudiantes y empleados del reino de Tonga, una pequeña, pero importante nación del Pacífico, la única que no fue conquistada por otros.

Quizás la gobernante mejor recordada es la Reina Sãlote Tupou III, una figura notable en la historia de Tonga, quien dejó una huella imborrable en su país y más allá. A lo largo de su reinado, que abarcó casi cincuenta años, demostró una combinación única de valentía, compasión y liderazgo.

En 1918, Sälote ascendió al trono como reina de Tonga. Durante su reinado, enfrentó desafíos como la Segunda Guerra Mundial y la transición hacia la consolidación plena. Su liderazgo resiliente y su compromiso con su pueblo la convirtieron en un faro de esperanza. Sãlote valoraba profundamente la cultura y las tradiciones de su país. Fomentó la música, la danza y el idioma tongano, y su amor por la poesía y la música la llevó a componer el himno nacional de Tonga, Koe Fasi Oe Tu'i Oe Otu Tonga.

Una anécdota famosa que ilustra su carácter y determinación es la vez que asistió a la coronación de la Reina Isabel II de Inglaterra en 1953. Durante la ceremonia, la Reina Sãlote se mantuvo de pie bajo la lluvia durante horas, mientras que otros dignatarios se resguardaban bajo paraguas. Cuando le preguntaron por qué no se protegía de la lluvia, ella respondió que no quería parecer descortés al usar un paraguas cuando la Reina Isabel no podía hacerlo.

Otra anécdota que destaca la personalidad de la Reina Sãlote es su participación en los Juegos Olímpicos de Londres en 1948. Durante la ceremonia de clausura, la Reina Sãlote se puso de pie y dirigió un baile tradicional tongano mientras el resto de los dignatarios permanecían sentados. Su espontaneidad y orgullo por su cultura dejaron una impresión duradera en los asistentes.

La reina Vasti de Persia también supo manifestar dignidad y distinción a un alto costo. Vasti comprendió que comparecer ante una corte de borrachos no es propio de las reinas. Aunque no se la menciona más en la Biblia, su ejemplo no pasa desapercibido. Que las señoritas encuentren en estas mujeres un ejemplo de fuerza, compasión y dignidad para enfrentar los desafíos con gracia y coraje. Sus historias son un recordatorio de que incluso en las circunstancias más difíciles, podemos dejar una marca positiva en el mundo.

Matutina para Android