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Hablaré de un gran futbolista, Pável Pardo, quien debutó con la Selección mexicana cuando tenía apenas 20 años. Pardo disputó 147 encuentros con la playera del Tri, donde marcó 10 goles. Participó en dos Copas del Mundo, así como en la Copa América y en la Copa Confederaciones, entre otros torneos.
Pardo jugó en varios equipos a lo largo de su carrera futbolística. Comenzó en el Club Pumas, revelando su talento en el medio campo. Posteriormente, pasó al Club América, donde continuó demostrando su calidad como jugador. Además, Pavel Pardo tuvo una exitosa etapa en el fútbol europeo, jugando para el VfB Stuttgart en Alemania. Durante la temporada 2006-2007, el Stuttgart hizo lo que parecía imposible: quitarle un título de Alemania al Bayern Múnich. Pardo se destacó como uno de los mejores centrocampistas de la liga, con treinta años cumplidos.
El paso anhelado y natural para un jugador de calidad es ser llamado a la Selección Nacional. Sin embargo, esa decisión no siempre es cuestión de calidad deportiva. Los egos de los futbolistas o del director técnico pueden atravesarse en el camino. En 2007, se desencadenó una polémica en los medios por el veto de Pável Pardo, uno de los jugadores más importantes del Tri en ese entonces.
Todo se dio por un malentendido. Un emisario del entonces director técnico de México, Hugo Sánchez, consultó a Pardo sobre la posibilidad de representar al combinado nacional en la Copa América, o bien en la Copa Oro. Pardo sostuvo que no habían tenido vacaciones, por lo que prefirieron la Copa Oro en lugar de la Copa América. En ese momento, la Copa Oro era un torneo menos desafiante para México, quien dominaba la zona de CONCACAF de manera amplia.
Así, Pardo eligió la Copa Oro, algo que no le gustó a Hugo Sánchez. Pardo manifestó que jugaría, pero luego decidió tomarse un descanso alegando cansancio físico y mental. Entonces, Sánchez decidió del cuadro mexicano. Su castigo se hizo efectivo cuando Pardo ya no fue convocado para el resto de los partidos del 2007 al término de la Copa América.
Jesús encargó a sus discípulos solicitar hospedaje en una aldea samaritana en su ruta a Jerusalén, algo que no les gustó a los samaritanos. Los discípulos se hirieron y, en su orgullo, le pidieron a Jesús que les permitiera orar por fuego del cielo como venganza. Cómo interpretan otros tus acciones pueden desencadenar malentendidos. Es de sabios dejar pasar el agravio y seguir adelante.