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¿Y Los Traidores Son Héroes?

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«Judas, el que había traicionado a Jesús, al ver que lo habían condenado, tuvo remordimientos y devolvió las treinta monedas de plata a los jefes de los sacerdotes y a los ancianos» (Mateo 27:3).

Ayer hablé del engaño de robar pensando que eso al final traerá algún bien. En el pensamiento cristiano, eso es inadmisible. Con todo, hay quienes guardan cierta fascinación hacia los que son sagaces, los que logran engañar a los demás y salirse con la suya. Esos que son habilidosos en hacer el mal, en algunas mentes despiertan admiración.

En los años que estuve en el Pacífico Sur, conocí personas de diversas naciones. Conviviendo con esa linda gente aprendí algo de sus orígenes. Tratándose de culturas tribales, los primeros misioneros cristianos tuvieron sus luchas para dar a conocer al Dios verdadero. No solo era desafiante aprender a comunicarse en las lenguas locales, sino que también lo era transmitir el carácter amoroso de Dios en un contexto que la comunidad lo pudiera entender.

Un misionero que había llegado a cierta isla halló buena acogida entre los nativos. Siendo alguien tan diferente físicamente, les resultaba llamativo a los isleños y lo seguían por todos lados. El misionero aprovechó eso para afinar sus destrezas de comunicación. Pronto empezó a hablarles de su Dios, de Jesús, de Nazaret.

La gente escuchó con indiferencia las historias de ese tal Jesús, hasta que el misionero llegó al final del ministerio del salvador. Les contó que los soldados lo arrestaron de noche cuando Jesús estaba desarmado y con unos pocos de sus discípulos, todo porque uno de los propios discípulos, Judas Iscariote, lo había traicionado.

Entonces, la gente que escuchaba al misionero empezó a aplaudir y a vitorear, pero el misionero no alcanzaba a entender por qué. Les volvió a contar la historia y aplaudieron más. Para los nativos, Judas había sido el héroe al haber logrado engañar a su Maestro sin despertar sospechas. El misionero no estaba preparado para esa reacción.

El misionero adoptó otro enfoque y ahora les habló de los sacerdotes, quienes habían manipulado y comprado a Judas por treinta piezas de plata. Presentó el profundo pesar de Judas al entregar sangre inocente. Y cuando los sacerdotes entregaron a Jesús a la muerte y parecían haber triunfado, les habló de la resurrección de Cristo como la verdadera victoria.

Cuando los isleños entendieron que ni Judas ni los sacerdotes triunfaron cuando engañaron, entonces comprendieron mejor el carácter de Dios. Ahí quedó claro, para ellos y para nosotros, que los traidores no son héroes. Al contrario, el héroe es el que se sacrifica por amor.

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