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¿Villanos que hacen el bien?

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«Nadie desprecia al ladrón que roba para calmar su hambre» (Proverbios 6: 30).

Quizás hemos oído por ahí la frase «quitarles a los ricos para darle a los pobres». Esta idea es antigua y está asociada principalmente con la leyenda de Robin Hood, un personaje popular en la mitología inglesa.

Robin Hood era un forajido que vivía en el bosque de Sherwood durante el reinado del rey Ricardo Corazón de León en Inglaterra, en el siglo XII. Se lo describe como un hábil arquero y espadachín que robaba a los nobles ricos y corruptos para ayudar a los pobres y oprimidos. Robin Hood y su banda se enfrentaban a las injusticias sociales y a las políticas de la época, desafiando a los poderosos y redistribuyendo la riqueza entre los más necesitados.

El mundo es más pequeño de lo que uno cree, y tanto de un lado como del otro se viven historias similares. El equivalente mexicano a Robin Hood es nada menos que Chucho el Roto. La historia se centra en Jesús Arriaga, un personaje que vivió en México durante el siglo XIX y es conocido por sus actos de robo y asalto, pero también por su generosidad hacia los pobres.

La versión más común de la historia narra que Arriaga era un hombre de origen humilde que, debido a las injusticias sociales y económicas de la época, se convirtió en un forajido. Adoptó el apodo de Chucho el Roto y se ganó la fama de ser un ladrón que robaba a los ricos para darle a los pobres, similar al personaje de Robin Hood.

A pesar de sus acciones delictivas, Chucho el Roto y Robin Hood se convirtieron en una especie de héroes populares, especialmente entre los marginados y oprimidos. Sus historias han sido símbolo de resistencia contra la opresión y la injusticia social. La idea de tomar de los ricos para dar a los pobres resuena con la noción de equidad y redistribución de la riqueza, y ha sido utilizada en la literatura, el cine y la política como una metáfora para la lucha por la igualdad y la justicia social.

Pero ese es otro engaño. Tomar lo ajeno no se disculpa cuando el uso de lo robado es aliviar el dolor de otro. Los aplausos y gratitudes de los beneficiados no borran la mancha moral con que el hurto ensució el carácter. Como dice Salomón, aun cuando el hambre parezca justificar al ladrón, tendrá que pagar de igual forma.

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