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El héroe manso

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«En realidad, Moisés era el hombre más humilde del mundo» (Números 12: 3).

Como rector de la Universidad Adventista del Pacífico en Papúa Nueva Guinea, me tocó ser miembro de la Junta Directiva de la División del Pacífico Sur de los Adventistas del Séptimo Día. La sede de esta entidad se localiza en Sydney, Australia. Hay dos deportes que los australianos practican con gran entusiasmo, y que los habitantes de las islas del Pacífico han adoptado: el críquet y el rugby. Hoy hablaré de un astro del críquet: Muttiah Muralitharan.

Nacido en Sri Lanka, Muralitharan vivió rodeado de obstáculos que podrían haber derrotado a otros. Lo que lo apartó de los demás fue sus habilidades únicas en el críquet, un deporte similar al béisbol. Su técnica de lanzamiento, conocida como doosra, desconcertaba a los bateadores más expertos. El brazo de Muralitharan era como una catapulta, lanzando la pelota con una precisión y velocidad impresionantes, dejando perplejos a sus oponentes una y otra vez.

Además de sus logros en el campo, Muralitharan se destaca por sus valores. A pesar de enfrentar controversias y críticas, nunca se rindió ni permitió que el desaliento lo detuviera. En lugar de eso, se aferró a su ética de trabajo con integridad, con una actitud tranquila y profesional, demostrando al mundo que el éxito puede ser alcanzado con honestidad y perseverancia.

Uno de los críticos más severos de la técnica de lanzamiento de Muttiah fue el ex-lanzador australiano Shane Warne. Warne, también una leyenda del críquet y conocido por su habilidad en el lanzamiento de giros, expresó públicamente sus dudas sobre la legalidad de los lanzamientos de Muralitharan. A pesar de las críticas de Warne y otros, Muralitharan continuó demostrando su habilidad y dominio en el campo, ganándose el respeto de muchos en el mundo del críquet.

Muralitharan y su exposición a la crítica, muchas veces mordaz, nos recuerda a Moisés, el gran líder de Israel. No tenemos que adentrarnos mucho en el libro de Éxodo para descubrir cuán testarudo era el pueblo y resistente a la voluntad de Dios. El rol de Moisés era comunicarles las indicaciones divinas, encaminarlos en esa ruta y reprender al pueblo cuando se apartaran de ella, lo cual lo hacía objeto frecuente de murmuración y quejas.

A Moisés se lo conoce como el hombre más humilde de la Tierra por su actitud paciente y apacible hacia la crítica. La humildad no es sinónimo de debilidad. Ser humilde no quiere decir ser frágil; es firmeza, con rostro amable, lealtad, con dulzura, integridad, con actitud tranquila. ¿No quisiéramos ser así?

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