Regresar

Los villanos danzantes

Play/Pause Stop
«David le contestó: "Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina, pero yo voy contra ti en nombre del Señor todopoderoso, el Dios de los ejércitos de Israel, a los que tú has desafiado"» (1 Samuel 17:45).

El otro deporte que conocí en el Pacífico Sur fue el rugby, parecido al fútbol americano. El rugby tiene una gran cantidad de seguidores y, en ocasiones, las ciudades casi se paralizan cuando hay partidos importantes, como los encuentros entre naciones.

Cuando juega la selección nacional de Nueva Zelanda, al inicio del partido realizan una danza maorí que llaman la haka. Los All Blacks [Todos de negro], danzan como un gesto de desafío hacia sus oponentes y como una muestra de unidad y espíritu de equipo.

La haka puede variar en contenido dependiendo de la ocasión y la tribu maorí que la esté ejecutando. Para los All Blacks de Nueva Zelanda, la haka más conocida es el Ka Mate, compuesta originalmente por el líder maori Te Rauparaha en el siglo XIX. Aquí está una traducción aproximada:

¡Ka Mate! Ka Mate!                                                    (¡Es la muerte! ¡Es la muerte!)                                     Ka ora! ¡Ka ora!                                                       (¡Es la vida! ¡Es la vida!)

¡Ka Mate! Ka Mate!                                                    (¡Es la muerte! ¡Es la muerte!)                                     Ka ora! Ka ora!                                                        (¡Es la vida! ¡Es la vida!)

Tēnei te tangata puhuruhuru                                    (Este es el hombre peludo)

Nāna nei i tiki mai whakawhiti te r⁠                       (Que hizo que el sol brille una vez más para mí)         

Ä, upane! ka upane!                                                      (¡Sube! ¡Sube!)

Ä, upane, ka upane, whiti te ra!                            (¡Sube, sube, hacia la cumbre del sol! ¡Sí!)

En las guerras antiguas, era común hacer exhibiciones de poder para amedrentar a los enemigos con despliegue de armas, gritos y feroces amenazas vocales. Así hizo el filisteo Goliat, quien desafió mañana y tarde a los israelitas por cuarenta días. Al escuchar el rey Saúl y todo Israel las palabras del filisteo, «perdieron el ánimo y se llenaron de miedo» (1 Samuel 17: 11).

Qué diferente era la forma en que Dios le ordenaba al pueblo presentarse a la batalla. Frente a Jericó, el Señor indicó que los ejércitos caminaran callados siguiendo el arca de Jehová que iba al frente. Y cuando Judá se enfrentó a la triple alianza de Moab, Amón y Edom, el rey Josafat puso algunos a cantar alabanzas a Jehová a la salida del ejército, diciendo: «Den gracias al Señor, porque su amor es eterno» (2 Crónicas 20: 21). ¿En dónde está nuestra confianza ante los obstáculos de la vida? ¿En la fuerza humana o en nuestro Dios omnipotente? No dancemos nuestra haka; confiemos en Dios.

Matutina para Android