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El héroe conciliador

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«No paguen a nadie mal por mal. Procuren hacer lo bueno delante de todos» (Romanos 12: 17).

Una de las cosas por la Universidad adventista del Pacífico fue conocer a otros obreros internacionales. Aprender de ellos y saber de su experiencia de vida y servicio fue muy aleccionador para mí. Guardo un respeto muy especial por una familia de Malasia que sirvió en Tailandia y en Papúa Nueva Guinea. Explorando los héroes de aquella nación asiática, supe de Tunku Abdul Rahman, de quien hablaré el día de hoy.

Este personaje emergió como un líder formidable en un momento crucial en la historia de Malasia. Su papel como primer ministro del país en el momento de su independencia marcó el comienzo de una nueva era de libertad y progreso. Pero quiero enfatizar que fue su carácter y sus acciones lo que lo convirtieron en una figura venerada.

Uno de los rasgos más destacados de Tunku Abdul Rahman fue su compromiso con la paz y la armonía entre las diferentes comunidades étnicas y religiosas de Malasia. En un país diverso como el suyo, este compromiso fue fundamental para mantener la estabilidad y la unidad. A lo largo de su vida, promovió la tolerancia y la cooperación, construyendo puentes entre personas de diferentes orígenes y creencias.

En una ocasión, durante una manifestación en la que algunos manifestantes malayos estaban lanzándoles insultos a otras comunidades, Tunku Abdul Rahman intervino. Se paró frente a la multitud y le recordó la importancia de la unidad y la armonía entre todas las comunidades de Malasia. Su discurso calmó los ánimos y demostró su valentía al enfrentarse a la intolerancia y promover la coexistencia pacífica.

En la década de 1960, Tunku Abdul Rahman lideró las negociaciones para unir a Malasia, Singapur, Sarawak y Sabah en una federación. Sin embargo, surgieron tensiones entre Malasia y Filipinas sobre el estatus de Sabah, que Filipinas reclamaba como suyo. Ahí Tunku Abdul Rahman optó por la diplomacia y el diálogo. En 1963, durante una visita a Manila, se reunió con el presidente filipino, Diosdado Macapagal, para discutir el conflicto, y ambos líderes acordaron buscar una solución pacífica a través de negociaciones bilaterales. Finalmente, en 1966, se firmó el Acuerdo de Manila, el cual confirmó la soberanía de Malasia sobre Sabah y sentó las bases para una relación amistosa entre ambos países.

Cuando tengamos diferencias de opinión con otra persona, pensemos en el texto de hoy. Seamos conciliadores al estilo de Pablo: procurando lo bueno sin pagar mal por mal.

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