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Los villanos del hambre

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«Tú has dicho que no te enojas fácilmente, que es muy grande tu amor y que perdonas la maldad y la rebeldía, aunque no dejas sin castigo al culpable, sino que castigas la maldad de los padres en los hijos, los nietos, los bisnietos y los tataranietos» (Números 14: 17-18).

Hoy hablaré de la hambruna invernal holandesa, un período de escasez extrema de alimentos que afecto a los Países Bajos durante el invierno de 1944-1945, hacia el final de la Segunda Guerra Mundial. Durante los seis meses de hambruna, los suministros de alimentos en las áreas urbanas se agotaron casi por completo debido al bloqueo alemán y a la destrucción de la infraestructura de transporte.

Durante la hambruna invernal, la población civil, incluidos niños y ancianos, sufrió enormemente. La comida disponible era extremadamente escasa y la gente se vio obligada a recurrir a medidas desesperadas para sobrevivir, incluida la ingestión de alimentos inusuales, como bulbos de tulipán y panes hechos de harina de tulipán.

Los estudios realizados sobre la hambruna invernal holandesa han proporcionado información valiosa sobre los efectos a largo plazo de la desnutrición prenatal y neonatal en la salud. Estos estudios revelaron que la desnutrición durante el embarazo puede tener consecuencias duraderas para la salud de los hijos, incluidos mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, obesidad, diabetes, entre otros. También se encontraron efectos en la salud mental, como un mayor riesgo de trastornos del estado de ánimo, incluidas la depresión y la esquizofrenia.

Se han documentado estudios enfocados en mujeres embarazadas durante la hambruna. Los bebés que estaban en el útero -que no sufrieron la hambruna por no haber nacido-vieron al nacer problemas de salud similares a sus padres. Lo más asombroso es que los nietos de esas mujeres embarazadas durante la hambruna vivieron los mismos problemas de salud que las dos generaciones anteriores, incluyendo cambios metabólicos. Los efectos de la hambruna se vieron en la descendencia aun dos generaciones después. Y todo por una hambruna de seis meses de duración.

Este fenómeno biológico tiene su equivalente en el campo espiritual también. Hay decisiones que tomamos cuyas consecuencias se verán en las siguientes generaciones. El castigo divino del que habla Moisés en el texto de Números implica dejar que las consecuencias de lo que hagamos alcancen a nuestros descendientes en una cadena destructiva.

Saber que el mal que hagamos perjudicará a nuestros hijos y nietos puede ser el estímulo que necesitamos para no pecar contra Dios. Pero un estímulo mayor para no pecar es saber que Dios es tardo para la ira y grande en misericordia, ¿no es así?

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