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Este es un héroe muy joven. Albeiro Vargas, conocido como el Ángel del norte, era un niño de ocho años que conmovió al mundo cuando el periodista Tony Comitti lo vio enseñándole a leer y a escribir a un anciano en Bucaramanga, Colombia.
Huyendo de los grupos armados del norte de Santander, la familia de Albeiro llegó a Bucaramanga, a una zona de terrenos invadidos. En medio de una gran pobreza y entre montañas de basura, la mamá de Albeiro se convirtió en la enfermera de la colonia por la experiencia ganada cuando cuidaba sus animales en Santander.
Cuando Albeiro tenía seis años, llegó a la casa el abuelo Josefito quien había recibido un diagnóstico de cáncer. La mamá de Albeiro atendía al abuelo con amor y remedios caseros mientras el niño observaba. A poco, Albeiro se involucró en el cuidado del abuelito y le enseñaba lo que aprendía en la escuela, hasta que el anciano murió. Entonces, el niño decidió conseguirse a otro abuelito para llenar el vacío. Pronto encontró varios ancianos a quienes atender.
A pesar de vivir en la pobreza, Albeiro dedicaba su tiempo libre a cuidar a los ancianos desprotegidos de su barrio, llevándoles comida, bañándolos y enseñándoles. Rebasado por la cantidad de trabajo, Albeiro armó una red con sus amigos para atender a los ancianos. Esto llamó la atención de Comitti, quien realizó un documental sobre él, el cual se puede encontrar en YouTube bajo el título El pequeño ángel de Colombia.
El documental generó gran conmoción en Francia, recibiendo cientos de llamadas de personas que querían ayudar al «niño que cambió los juguetes por cuidar ancianos». Una viuda sin hijos donó gran parte de sus bienes. De gira por Francia, Albeiro recuerda haber sido tratado como una celebridad sin entender por qué.
Tras regresar a Colombia, Albeiro recibió un cheque simbólico con las donaciones francesas, al que solo podría acceder al cumplir 18 años. Él exigió el dinero de inmediato para seguir ayudando a los ancianos. Finalmente, logró un acuerdo para administrar los fondos con su madre y el embajador francés como tutores. A los 14 años compró una casa para acoger a los ancianos y hoy su fundación ayuda a casi 500 adultos mayores, además de capacitar cuidadores en la región.
La tercera edad se presta para proyectos especiales y para gozar de la vida, pero muchos ancianos viven sus canas sin esplendor. Héroes como Albeiro y como nosotros pueden darles una calidad de vida a quienes tanto lo necesitan, y que no están muy lejos de nosotros.