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El héroe de las vibraciones

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«Pero fue traspasado a causa de nuestra rebeldía, fue atormentado a causa de nuestras maldades; el castigo que sufrió nos trajo la paz, por sus heridas alcanzamos la salud» (Isaías 53: 5).

En los días en que escribía estas líneas, hubo un fortísimo terremoto en Taiwán. Los reportes indican que ha habido nueve muertos y 934 heridos en el peor terremoto en 25 años, según bomberos de Taiwán. El terremoto tuvo una magnitud de 7.2 en la escala de Richter, sin contar las numerosas réplicas que sumieron a la población en el pánico.

Un edificio icónico en la capital de Taiwán es el Taipei 101. Con 508 metros de altura, es uno de los edificios más altos del mundo. El mundo estaba atento para ver qué daños le causaría el terremoto de abril de 2024 al Taipei 101. Afortunadamente, no le ocurrió nada debido a su construcción basada en el amortiguador de masa sintonizada (TMD, por sus siglas en inglés) más grande y pesado del mundo. Actuando como un péndulo gigante, la enorme esfera de acero se mueve ligeramente de un lado a otro para contrarrestar cualquier movimiento del edificio en sí. Es una maravilla de la ingeniería destinada a limitar las vibraciones del rascacielos.

Un TMD reduce la amplitud de las vibraciones en estructuras causadas por fuerzas laterales fuertes, como terremotos o vientos. Los TMD también son conocidos como absorbentes armónicos o amortiguadores sísmicos. Muchos rascacielos contienen amortiguadores de masa sintonizada para contener el balanceo; y dado que las partes superiores de los edificios más altos pueden moverse varios centímetros con el viento, un TMD es a menudo necesario para mantener la integridad estructural. En el Taipei 101, el TMD es capaz de moverse 1.52 m en cualquier dirección, reduciendo así el balanceo en un 30 a 40 %.

El héroe de los TMD es el ingeniero alemán Hermann Frahm, quien inventó el concepto en 1909. Consiste en una masa, un resorte y un amortiguador viscoso colocado en un sistema vibrante para reducir vibraciones no deseadas. Los TMD también se llaman <absorbedores armónicos> y se usan comúnmente en estructuras altas y estrechas, así como en puentes.

El principio de absorber vibraciones lo vemos claramente en el sacrificio de Jesús. Él cargó con nuestras rebeliones a fin de amortiguar el efecto del pecado sobre nosotros. La destrucción que causa el pecado, cual terremoto, cayó sobre Jesús. Nuestra condenación fue absorbida por él. Por su castigo tenemos paz, y por sus llagas tenemos salud. Cuando subamos a un rascacielos, pensemos en Jesús. El edificio de nuestra vida se desmoronaría por el sismo del pecado, de no ser por su misericordia.

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