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El héroe soñador

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«Una vez José tuvo un sueño, y se lo contó a sus hermanos; pero ellos lo odiaron más todavía» (Génesis 37:5).

José Hernández Moreno, nacido en Michoacán, México, fue un ingeniero, empresario y astronauta retirado de origen mexicano. Aprendió inglés a los 12 años y pasó gran parte de su infancia viajando con su familia desde México hasta el sur de California, trabajando en la recolección de fresas y pepinos en las granjas a lo largo de la ruta.

La inspiración de Hernández para convertirse en astronauta ocurrió cuando escuchó en su radio de transistores que el latinoamericano Franklin Chang-Díaz había sido seleccionado para el programa de astronautas de la NASA. Chang-Díaz fue el tercer latino en viajar al espacio, después de Arnaldo Tamayo Méndez (cosmonauta cubano) y Rodolfo Neri Vela (astronauta mexicano).

Hernández recuerda exactamente cómo ocurrió: «Me encontraba limpiando con azadón una fila de betabeles en un campo de cultivo cerca de Stockton, California, y escuché en la radio de transistores que Franklin Chang-Díaz había sido seleccionado como astronauta. Ese fue el momento en que dije: "Quiero viajar al espacio". Desde entonces, es algo por lo que he luchado cada día para hacerlo».

Los frecuentes viajes de la familia entre los diferentes plantíos, que implicaban una fuente de ingreso constante, hacían difícil el avance académico de Hernández. Gracias a una maestra, sus padres se establecieron en una localidad para que José estudiara con regularidad. Incluso suspendieron la construcción de su casa en Michoacán a fin de economizar.

En 2001, Hernández se unió al Johnson Space Center en Houston, Texas. Después de once rechazos, finalmente fue seleccionado por la NASA en mayo de 2004. Completó el Astronaut Candidate Training en febrero de 2006 y fue asignado a la rama Shuttle del Centro Espacial Kennedy en apoyo de los preparativos de lanzamiento y aterrizaje del transbordador. Realizó su primer viaje espacial en la misión STS-128.

José Hernández es un ejemplo inspirador de perseverancia y logros, demostrando gran tenacidad ante obstáculos como el menosprecio y la cerrazón racial. Algo similar le ocurrió siglos antes a otro José, el de la Biblia. Este José le contó a sus hermanos y padres los sueños que Dios le dio, y el menosprecio no se hizo esperar. Tomaría años enteros de paciente esperanza para que el Señor pusiera las condiciones favorables y se cumplieran los sueños dados a José.

Estas historias enseñan que los sueños pueden convertirse en realidad incluso en circunstancias desafiantes. Si Dios ha puesto sueños en nosotros, dejémoslos en sus manos y hagamos nuestro mejor esfuerzo hacia su logro. El resto estará en Dios.

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