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La mamá heroína

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«Por fe, al nacer Moisés, sus padres lo escondieron durante tres meses; porque vieron que era un niño hermoso, y no tuvieron miedo de la orden que el rey había dado de matar a los niños» (Hebreos 11: 23).

Si nos gusta el baloncesto, seguramente hemos oído hablar de Shaquille O'Neal. Con una estatura impresionante de 2.10 metros y un físico imponente, «Shaq» fue una fuerza dominante en la NBA durante su carrera. Jugó para varios equipos, incluyendo Orlando Magic, los Ángeles Lakers, Miami Heat, Phoenix Suns, Cleveland Cavaliers y Boston Celtics.

Shaq dejó la Universidad Estatal de Lousiana cuando se convirtió en jugador profesional y empezó a ganar mucho dinero. Iba en el tercer año de sus estudios; le faltaban pocos créditos para concluir, pero en 1992 dejó de estudiar por un contrato con Orlando Magic. Shaq le hizo una promesa a su madre de que volvería a la universidad después de convertirse en profesional para terminar su licenciatura. Le tomó dos veranos concluir las materias faltantes y se graduó en el 2000.

Cuando Shaq hacía contratos con los equipos y patrocinadores, su agente estaba ahí para representarlo. Los interesados lo saludaban amablemente para luego volcar su atención al agente sin mirar a Shaquille. Esto le parecía irrespetuoso a O'Neal. Shaq percibió que ellos creían que él no entendía los términos e implicaciones de los negocios que estaban haciendo y por ello hablaban con el agente. O'Neal entonces regresó a los estudios para completar su maestría en negocios en la Universidad de Phoenix.

Pero la mamá de Shaq, Lucille O'Neal, tenía otro sueño. En una ocasión le dijo: «¿Sabes que en nuestra familia no hay ningún doctor?». Shaquille le dijo: «¿Qué quieres decir, mamá?». «Que no hay nadie entre los O'Neil con un doctorado», replicó. Y Shaquille le contestó: «¿Quieres decir que si lo logro sería el primero?». Y Shaquille volvió a la universidad para obtener un doctorado. Cinco años después se convirtió en el primer doctor de su familia.

Las mamás son heroínas por excelencia. Hay que ver cuán lejos llegó Moisés gracias a su mamá, Jocabed. Desde que nació, lo vio hermoso. La palabra hebrea tob usada para «hermoso» en Éxodo 2: 2 no habla de la belleza física del niño. Esa palabra se traduce como «bueno, agradable, especial»; es la misma palabra para calificar la actividad de Dios al fin de cada día de la creación. Moisés fue visto como el individuo apropiado para el momento. Las cualidades del niño le dieron evidencia a la madre de la elección de Dios por Moisés para ese propósito especial: salvar a su pueblo. O'Neal no quiso frustrar el sueño que su mamá tenía respecto a él. ¿Y nosotros?

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