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El Héroe Que Reconoció Al Verdadero Héroe

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«El justo dice cosas agradables; el malvado, solo cosas perversas» (Proverbios 10: 32).

Con tan solo 13 años, Lionel Messi llegó a formar parte de la academia juvenil fútbol Masía del FC Barcelona. Messi ascendiendo a través de las diferentes categorías juveniles hasta debutar con el primer equipo en mayo de 2005. En ese momento, la estrella de la delantera del Barça era Ronaldinho, quien ya se había dado cuenta de la calidad deportiva de Messi, quien tenía 17 años.

La primera jugada importante de Messi fue genial. Ronaldinho cruzó desde el medio campo al terreno del Albacete por el costado derecho, llegando hasta la orilla del área grande, filtró un pase hacia Messi, quien elevó la pelota para anotar gol. Pero el árbitro marcó fuera de lugar, y el gol fue anulado. Ronaldinho, con una sonrisa, animó a Messi a seguir jugando.

Minutos más tarde, ahora por el costado izquierdo, Messi atacó el área enemiga y retrasó un pase a Ronaldinho. Por encima de los defensas, Ronaldinho elevó un pase a Messi. El portero enemigo salió a achicar y Messi fácilmente levantó el balón para anotar su primer gol. Ronaldinho corrió hasta Messi antes que sus compañeros y, dándole la espalda, lo cargó en señal de felicitación. Los demás se unieron a la celebración más contentos que si ellos mismos hubieran anotado.

Ese 2005, Ronaldinho ganó el Balón de Oro. Un periodista le preguntó a Ronaldinho qué se sentía ser el mejor futbolista del mundo. El brasileño contestó: «No soy el mejor futbolista del mundo, ni siquiera de Barcelona. Hay un chico que va a tomar mi lugar, y su nombre es Messi. Él es un genio jugando fútbol». Hoy sabemos que lo que Ronaldinho dijo era cierto. Ronaldinho jugó con el Barça 207 juegos y anotó 98 goles, mientras que Messi jugó 779 juegos y anotó 672 goles.

Qué gran lección nos enseña Ronaldinho. Es fácil hablar peyorativamente de otros y dañar su reputación. El egoísmo nos lleva a elevar nuestra estima propia por vía de la denigración de los demás. Nada más lejos del verdadero heroísmo. Nuestro texto de hoy es una invitación a decir cosas que agraden, a hablar con benevolencia de los demás. La palabra hebrea para «cosas agradables» en nuestro pasaje se puede entender como favorable, placentero, deleitoso o de buena voluntad. Así hay que hablar. Hablando bien de los demás, el ser humano crece. Así podemos crecer a la vista de quienes nos escuchen.

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