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En años recientes empezó a ponerse de moda la palabra influencer. Esta palabra, que no nos será desconocida, se refiere a las personas de todos los campos de la vida que tienen una multitud de seguidores. Su capacidad de comunicar su opinión sobre lo que crean, consuman o usen juega un papel decisivo en las elecciones de quienes los siguen, de ahí que su voz se vuelva una influencia en los demás.
Una forma de mercadotecnia es identificar a un influencer que sirva de canal para la promoción de un producto o servicio. La opinión del influencer sobre dicho producto o servicio hace que quienes lo siguen tengan altas probabilidades de adquirirlo. Así ganan todos: la compañía vende el producto, el seguidor hace una compra y el influencer, quien se lleva el aprecio de los seguidores, recibe una comisión del vendedor.
Hace algunos años leí un libro de James Clear y desde entonces lo sigo en la red social X (antes Twitter). Al escribir estas líneas, Clear difundió un tuit donde hablaba de un conductor de Uber con una voz increíble, de esas personas que cuando las oyes hablar piensas que deberían estar grabando comerciales o narrando eventos deportivos.
Clear no resistió preguntarle al respecto a su conductor, quien respondió que su sueño era hacer doblajes de voz para el cine. Comentó además que hacía poco había trabajado en un documental que obtuvo una nominación al premio Emmy. Con todo, los empleos de grabación de voz eran infrecuentes como para vivir de ello.
En el tuit, Clear preguntó: «¿Quién puede ayudarme a poner a este caballero en contacto con un estudio de cine o agente de actuación vocal? Apenas he oído quizás un par de personas con una voz tan buena como la de este hombre». En minutos llovieron las respuestas y las referencias. Horas después, cuando yo leí el tuit, casi 300 000 personas lo habían leído. De sobra está decir que hubo abundantes posibilidades de empleo para el hombre de la voz increíble.
En esta sociedad tan ególatra, son raros los influencers que ayudan de forma concreta a quienes lo necesitan. Seguramente muchos de nosotros seguimos a varios influencers, pero ¿cuántos de ellos son conocidos por pensar en los demás? ¿No será que nuestros influencers promueven el culto a uno mismo?
Invito a que sigamos a quienes tengan valores elevados y ejemplifiquen la abnegación, quienes compartan las necesidades de los santos y practiquen la hospitalidad, como dice nuestro texto de hoy. Sigamos a Jesús, el influencer más poderoso.