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Sigamos hablando de arquitectos. Esta vez, iremos al sur de Asia. Hablaremos de Khondaker Hasibul Kabir, un arquitecto paisajista de Bangladesh y defensor de la sostenibilidad que trabaja con agencias de desarrollo de Bangladesh en arquitectura rural y sostenible. Se unió a la Universidad BRAC en 2005 como profesor de arquitectura.
La idea arquitectónica de Kabir es planificar espacios para todos. Las debilidades que él encuentra en el diseño actual de espacios es que no se piensa en todos los posibles ocupantes de un espacio dado. Para ello, Kabir les preguntó a los grupos involucrados en la construcción de sus proyectos, sean patios de juegos, fraccionamientos habitacionales, parques, etc., cuáles eran sus deseos respecto a esos espacios. Al tomarlos en cuenta, el resultado fue el involucramiento de la gente y la adopción del proyecto como propio, algo que Kabir llamó «cocreación».
Kabir propuso por primera vez la Plataforma de la Esperanza (Ashar Macha, en la lengua de Bangladesh) en 2007, cuando se mudó personalmente con su familia a los barrios marginales y diseñó con la gente un espacio comunitario. Por ejemplo, Kabir utilizó un carpintero local y un trabajador de bambú para construir una plataforma que se extiende sobre el lago Gulshan, en Dhaka, la capital de Bangladesh, y la conectó al jardín con un puente. La Plataforma de la Esperanza, que mide 5.50 por 11 metros, sirve como un área abierta donde los niños locales en los barrios marginales de Dhaka pueden reunirse a jugar. También está equipada con una pequeña biblioteca. El barrio marginal, que alberga a 120 000 personas, es el más grande de Dhaka.
«A fin de cocrear los espacios que ha de ocupar la gente, se necesita partir de las ideas de los propios habitantes; debe ser un proyecto de casa. Si ha de ser un espacio para ti, no puede venir alguien de afuera y construirlo para ti. Toda la gente de la ciudad, con sus ideas, está construyendo el lugar para sí misma. Se trata de una arquitectura basada en la comunidad», afirma Kabir.
Este héroe bangladesí nos muestra que la cocreación es una forma de amar al prójimo. No es solo decirlo, es tomarlos en cuenta. Al hacer algo en favor de la gente, el proceso comienza escuchando lo que tienen que decir y concediendo voz a los involucrados. Esa forma de ayudar es más dignificante y afirmadora.