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En el estado brasileño de Río Grande do Sul, las fuertes lluvias provocaron inundaciones devastadoras. En medio de esta tragedia, surgió un héroe inesperado: Iván Brizola, un hombre de 59 años que nunca había aprendido a nadar. Aunque no sabía nadar, Brizola no tenía miedo, simplemente estaba concentrado.
Cuando las lluvias comenzaron, Iván, residente de Porto Alegre, escuchó las advertencias de sus amigos que trabajaban en seguridad. Sintió que debía hacer algo para ayudar. Sin saber nadar y sin experiencia previa, pidió prestado un kayak y se lanzó al agua para rescatar a las personas atrapadas por las inundaciones.
Durante una semana, Iván trabajó incansablemente como voluntario, navegando por las aguas turbulentas y rescatando a más de 300 personas. Su valentía y determinación fueron fundamentales en una situación donde muchos se habrían sentido impotentes. Cuando ayudaba a la gente del barrio de Mathias Velho, apenas el segundo día que se ofreció como voluntario, miró hacia abajo, a través del agua, y vio que en el fondo estaban los transformadores de los postes de luz. «El agua alcanzó ocho, tal vez diez metros de profundidad», calcula Brizola.
Las inundaciones en Río Grande do Sul dejaron un saldo trágico: al menos 107 muertos y 327 000 personas sin hogar. Las calles comerciales de Porto Alegre quedaron inundadas y la actividad económica del estado se vio gravemente afectada. A pesar de la magnitud del desastre, la historia de Iván Brizola destaca como un ejemplo de coraje y solidaridad. Su acción desinteresada no solo salvó vidas, sino que también inspiró a muchos en su comunidad y más allá. En una entrevista, Brizola dijo: «Solo quiero trabajar, ser como una hormiguita que lleva su carga todos los días y que sigamos adelante».
En tiempos de crisis, héroes como Iván nos recuerdan la importancia de la empatía y de la acción. Pero hay una lección más valiosa: sacrificio. En las circunstancias más difíciles, siempre hay personas dispuestas a arriesgarlo todo por el bienestar de los demás. Iván Brizola, con su kayak y su corazón valiente, hizo lo que Jesús hizo: arriesgar su vida por la salvación de los demás.
El apóstol Pablo dice que Jesús no se aferró a su condición divina mientras daba la espalda a la desgracia humana. Todo lo contrario; se hizo hombre, se hizo siervo obediente y murió en la cruz. El que no tenía culpa ni responsabilidad sobre nuestro pecado vino a salvarnos por amor. Eso es sacrificio.