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Hoy hablaré de Bob Bowman, el hombre detrás de los récords mundiales del nadador Michael Phelps. Bowman le enseñó a Michael una técnica que lo convirtió en el mejor de todos los tiempos. Aquí está esa técnica: justo antes de la carrera, con sus auriculares puestos, Michael reproduce en su mente la técnica que usará. Eso se llama visualización; es ver una serie de eventos en la mente. Michael se imaginaba compitiendo en la piscina, repitiendo todo el proceso de la carrera antes de tocar el agua.
Desde los 12 años, Michael competía no solo en la piscina, sino también en su mente. Pero cómo lo hizo es extremadamente único. Imaginaba todos los posibles escenarios, tanto positivos como negativos: la carrera perfecta, su traje rompiéndose o sus gafas cayéndose. Así, cuando llegaba el momento de competir, estaba listo para cualquier contratiempo que pudiera surgir. La mayoría de nosotros solo imaginamos lo positivo, pero Michael lo miraba todo.
Las dos reglas de Bob Bowman para la visualización son simples: imágenes vívidas y practicar de manera consistente. Cubramos ambas. La visualización funciona debido a la llamada plasticidad cerebral. Es la habilidad del cerebro para adaptarse a nuevas experiencias. La visualización activa la plasticidad neuronal al activar partes similares del cerebro como la práctica física. Cuanto más vívida sea la experiencia, mayor activación. Esta activación es mejor cuando se hace de manera consistente.
Las visualizaciones tienen que quedar arraigadas en el subconsciente para que se apoderen de una persona cuando las necesita. Desde niño, todas las noches, Michael se acostaba reproduciendo su cinta de imágenes mentales. La cantidad de repeticiones que ha realizado es alucinante. Él cuenta: «Durante mi carrera profesional experimenté con la visualización. Me imaginaba dominando... Y también cómo enfrentaría la adversidad. Jugó un papel fundamental en superar mis nervios».
Para obtener un desempeño destacado en cualquier disciplina o campo es necesario prepararse, y la técnica de visualización de Phelps resulta de gran valor. Deseo recomendar un par de elementos faltantes en la técnica de Phelps. Primero, escoger en qué enfocar la mente. Pablo habla de «la buena batalla» y la compara con una carrera que, por el contexto, tiene el cielo como meta. No es sabio usar nuestra mente en actividades superfluas o, peor aún, destructivas. En segundo lugar, es necesaria la fe. Por más que repasemos en la mente lo que debemos hacer y anticipemos lo que pueda pasar, solo Dios tiene el control de todo. Hagamos nuestra parte, encomendémonos a Dios y él actuará.