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Hoy hablaré del Dr. Jacob Prabhakar, un cirujano de renombre mundial y director médico del hospital Ruby Nelson Memorial. Su vida es una historia de simple confianza en Dios y compromiso. Nacido en un pequeño pueblo en la costa este del sur de la India, el Dr. Jacob lidera un equipo de profesionales de la salud especializados en cirugía oftalmológica.
Desde la secundaria, el Dr. Jacob era el primero de su clase y el primero de la escuela. «Cuando mis profesores me preguntaban qué quería ser, les decía que médico. Pensé que probablemente no lo lograría porque es muy caro estudiar medicina. Pero mis humildes padres me enseñaron que con Dios nada es imposible». Hizo posible lo imposible y hoy el Dr. Jacob logra lo imposible para miles de personas que viven con ceguera en la India.
El Dr. Jacob viaja sin parar a pueblos rurales por toda India para organizar campamentos de cataratas donde realiza cirugías, devolviéndoles la vista a más de diez mil personas al año. Su actitud alegre, personalidad cautivadora y el amor por su gente son tan memorables como su sonrisa lista y su risa espontánea. Es un hombre rápido, encantador y rico en habilidades quirúrgicas con el enfoque único de devolverles la vista a tantos ciegos como sea posible.
El Dr. Jacob aprendió los rudimentos de su técnica quirúrgica de un cirujano en Nepal, pero con el tiempo ha acortado y mejorado el procedimiento. «Ha tomado mucha práctica poder realizar de 300 a 400 cirugías en un día», admite. La cirugía de cataratas de uno y medio minutos del Dr. Jacob lo convierte en uno de los cirujanos de ojos más rápidos del mundo, y uno de los mejores.
Recientemente, el Dr. Jacob colaboró en una jornada médica en Minj, provincia de Jiwaka, Papúa Nueva Guinea, donde el presidente mundial de la Iglesia, el Pastor Ted Wilson, estaba predicando. Todo era parte de la campaña PNG para Cristo. Días antes, el Dr. Jacob había estado en la clínica Mega Togoba y había realizado 1500 cirugías de cataratas.
En Galilea, dos ciegos fueron tras Jesús pidiendo misericordia. No había quien los ayudara y el Señor de lo imposible los sanó. Colaborar en el bienestar de otros no tiene precio, y los profesionales de la salud lo hacen con frecuencia. El mismo gozo del Dr. Jacob y de Jesús, aliviando el dolor ajeno y restaurando vidas, puede ser nuestro cuando ayudamos a los demás.