|
Ayer hablé de Ayrton Senna, quien estando en McLaren hizo dupla con Alain Prost. La relación entre Ayrton Senna y Alain Prost es una de las rivalidades más célebres y complejas en la historia de la Fórmula 1. Esta relación estuvo marcada por momentos de intensa competencia, respeto profesional y también controversias.
Cuando Senna debutó en la Fórmula 1, rápidamente llamó la atención mostrando su talento. Prost ya era un piloto establecido y competía por campeonatos. Durante los años 1985-1987, Senna, compitiendo para Lotus, y Prost, para McLaren, se enfrentaron en varias carreras, aunque no de manera tan directa como en los años siguientes.
Senna y Prost se convirtieron en compañeros de equipo en McLaren en 1988. Ese año, McLaren tuvo un dominio absoluto, ganando 15 de las 16 carreras de la temporada. La competencia interna fue feroz. Senna ganó su primer campeonato mundial, superando a Prost por un estrecho margen. Al año siguiente, la rivalidad se intensificó. En el Gran Premio de Japón en Suzuka, Prost y Senna chocaron, lo que resultó en la eliminación de ambos de la carrera. Prost se retiró y Senna continuó, pero fue descalificado más tarde, otorgándole a Prost el campeonato.
En 1990, Prost se mudó a Ferrari. En Suzuka nuevamente, Senna y Prost chocaron en la primera curva, lo que aseguró el campeonato para Senna. Este incidente fue visto como una venganza por el año anterior. La rivalidad continuó, aunque con menos conflictos directos. Senna ganó su tercer campeonato mundial. Entre 1992 y 1993, la relación entre los dos comenzó a suavizarse. Prost se retiró en 1993 después de ganar su cuarto campeonato con Williams. En su última carrera, Senna y Prost se dieron la mano en el podio, mostrando un signo de respeto mutuo.
En 1994, Senna se unió a Williams después del retiro de Prost. En una entrevista durante la temporada, Senna expresó su respeto por Prost y mencionó que extrañaba la competencia con él. Trágicamente, Senna murió en el Gran Premio de San Marino ese año.
No es lo mismo rivales que enemigos. La rivalidad y la competencia no implican hostilidad del uno hacia el otro. Amenazar o, peor aún, traicionar al otro, que es propio de los enemigos, es algo reprobable. Vivir rivalidades puede tener sus bondades, pues evita que nos durmamos en nuestros laureles, motivándonos a dar más de nosotros mismos. Senna y Prost manifestaron respeto entre sí y reconocieron la figura del otro estrechando las manos. Esa nobleza nos viene bien a todos.