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El héroe de las letras

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«Mientras yo exista y tenga vida, cantaré himnos al Señor mi Dios» (Salmos 104: 33).

Gonzalo Báez Camargo fue un maestro normalista, catedrático, poeta, periodista, escritor, traductor y académico mexicano. Tanto sus padres como sus abuelos paternos formaron parte de un reducido grupo de estudiantes de la Biblia que, en la última mitad del pasado siglo, se reunía para estudiar las Escrituras. De ellos recibió su amor a la Biblia y al Dios de esta.

Gonzalo quedó huérfano de padre y madre a muy tierna edad. Se crio con la familia del doctor Victoriano D. Báez, pastor metodista, revisor de traducciones bíblicas, traductor y escritor de renombre. El ejemplo de su padre adoptivo caló hondo en su alma y creció hasta hacer de Gonzalo uno de los más esclarecidos conocedores de las ciencias bíblicas que hasta hoy ha producido Latinoamérica.

Báez Camargo destacó como periodista, colaborando para periódicos como La voz de Puebla, La opinión y Excélsior. Utilizó el seudónimo Pierre Gringoire en este último. Sus columnas «El pulso de los tiempos», «Los libros de nuestros tiempos» y «Temas de la semana», se publicaron durante más de cuarenta años. Además, escribió para diversas revistas y periódicos, tanto nacionales como internacionales, abordando una amplia gama de temas. También fundó la revista Luminar en 1937.

Como académico, Gonzalo Báez Camargo impartió cátedra de literatura, periodismo y lenguas hebreas. También fue miembro de la Sociedad Bíblica de México como traductor y fue reconocido por su conocimiento en lenguas bíblicas. Además de su labor periodística y académica, Báez Camargo fue miembro de la Academia Nacional de Historia y Geografía y de la Academia Mexicana de la Lengua. Su contribución a la literatura y a la cultura mexicana es reconocida, y su legado perdura hasta el día de hoy.

Los idiomas son un campo en el que podemos crecer para comunicarnos efectivamente y para compartir nuestra fe. Las palabras bellas y bien escritas son valiosos recursos para quien quiere exaltar a Dios. De sus poemas inspirados por un profundo sentido religioso, quiero compartir este titulado Retorno.

Retorno

Voy a seguir tus huellas,

Jesús, definitivamente.

Solo beberé el agua de tu fuente,

solo amaré el fulgor de tus estrellas,

y hacia tu faz afirmaré la frente.

 

¡Cuán pavorosa la aventura

de mi triste desvío!

Mis flores eran cardos, la amargura

de las aguas de Mara mi dulzura;

mi luz la sombra y mi calor el frío.

 

Mas torno a ti, Jesús, hermano mío,

y hoy sí tendrá mi ruta nuevamente

olor de nardos y brillar de estrellas,

porque definitivamente

voy a seguir tus huellas.

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