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Mientras el pueblo de Israel acampaba junto al mar, vio que el ejército del faraón se acercaba. Entonces tuvo mucho miedo y clamó a Moisés. Los israelitas avanzaron en dirección al mar y el ángel de Dios se colocó entre ellos y los egipcios. La nube en forma de columna siguió alumbrando el camino para los israelitas, pero dejó en la oscuridad al ejército egipcio.
Mientras tanto, Moisés extendió su brazo sobre el mar y, al instante, Dios envió un fuerte viento para dividir el mar en dos. El agua formaba dos grandes paredes. Así fue como los israelitas comenzaron avanzar a través de un camino en seco. ¡Grandioso!
Dios protegió a su pueblo y así también te protege hoy. Ningún ejército, fuerza u obstáculo puede impedírselo.
Actividad. Crea un río imaginario en el piso de tu casa. Coloca pedazos de papel (simulando que son piedras) en el piso con palabras como miedo, dolor, ira u otras. Camina y arroja cada piedra fuera de tu paso hasta llegar a la orilla.
Oración. Amado Padre, sé que para ti no hay nada imposible. Te pido que remuevas toda «piedra» de mi vida que me impida avanzar. En el nombre de Jesús, amén.