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Un Suave Murmullo

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Nunca te dejaré ni te abandonaré. (Hebreros 13:5)

La reina Jezabel amenazó a Elías con quitarle la vida. Así que Elías se entristeció y huyo al desierto. Como tenía hambre y sed, el Señor envió a un ángel para que le llevara pan y agua.

Luego de comer, tuvo fuerzas para viajar durante cuarenta días y cuarenta noches hasta que llegó al monte Horeb. Hubo un viento fuerte que estremeció la montaña, pero Dios no estaba en el viento. Después, hubo un terremoto, pero Dios no estaba en el terremoto; también hubo un fuego, pero Dios tampoco estaba en el fuego; por último, vino un suave murmullo, y ahora Dios sí estaba en el murmullo.

Dios buscó a Elías para animarlo y recordarle que, a pesar de la persecución que sufría, no estaba solo. Ese mismo Dios maravilloso está también para ti. Puedes contar con su presencia en todo momento, aun en un apacible murmullo.

Actividad. Dibuja un corazón en una hoja de color, recórtalo y escribe dentro de él un versículo de la Biblia sobre el amor de Dios. Del otro lado, escribe: «Dios me ama». Después, regálalo a quien tú elijas.

Oración. Gracias, Señor, porque nunca me dejas solo, porque me amas y porque siempre me compartes tu amor. En el nombre de Jesús, amén.

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