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Aguas Amargas

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Cuida tu mente más que nada en el mundo, porque ella es fuente de vida (Proverbios 4: 23).

Jericó era una gran ciudad que estaba muy bien ubicada y además tenía un excelente clima. ¡Sin embargo, sus habitantes necesitaban algo indispensable: agua! El agua que corría a sus alrededores era amarga; ni los animales ni las personas la podían beber. Por esta razón, la tierra era infértil.

Los habitantes de la ciudad buscaron al profeta Eliseo y le contaron lo que pasaba. Eliseo los escuchó y les pidió que le llevaran un recipiente nuevo con sal adentro. En cuanto se lo llevaron, Eliseo fue al manantial de la ciudad, arrojó allí la sal y oró al Señor para que se produjera el milagro de la purificación del agua. Al instante, Dios respondió a esa petición.

Tu corazón es como un manantial. Si los manantiales del corazón son puros, los «arroyos» que fluyan serán puros. Cuando Cristo está en tu corazón, cambia las «aguas» de tus palabras y acciones.

Actividad. Cuida lo que ves, lo que escuchas y lo que comes para que tengas un corazón puro.

Oración. Señor, ayúdame a tener un corazón puro, que cada palabra y acto refleje tu amor. En el nombre de Jesús, amén.

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