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Los judíos vivieron en Babilonia como extranjeros a causa de su desobediencia. Aun así, Dios les había dicho que después de setenta años sus descendientes iban a regresar a Jerusalén.
Dios usó al rey Ciro de Persia para cumplir su promesa. Fue gracias a él que los judíos obtuvieron su libertad y regresaron para construir la ciudad, el templo y la muralla.
Cuando la gente estaba por marcharse, muchos les dieron tesoros de oro y plata. Además, el rey le ordenó al tesorero que les devolvieran los utensilios del templo que años atrás Nabucodonosor había tomado. Así, Dios cumplió la promesa que el profeta Jeremías había anticipado.
¡Qué maravilla! Dios siempre cumple sus promesas y provee lo necesario para que puedas enfrentar cualquier desafío. La palabra del Señor es segura y siempre puedes confiar en ella.
Actividad. ¿Recuerdas una promesa de Jesús que se haya cumplido en tu vida? Compártela con tu familia en el culto familiar.
Oración. Gracias, señor Jesús, porque siempre cumples tus promesas en el momento y tiempo perfecto. Confío en ti. En el nombre de Jesús, amén.