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En otra ocasión, Jesús estuvo predicando todo el día y, al atardecer, sintió compasión por sus oyentes, pues ya no tenían qué comer. Jesús no quería enviarlos a su casa con hambre, así que les pidió a sus discípulos que averiguaran si había algo de comer entre las personas. Lo único que encontraron fueron siete panes y unos pescados.
Entonces el Señor ordenó que todos se sentaran. Tomó los siete panes y los pescados, dio gracias a su Padre por ellos y comenzó a partirlos y a entregárselos a los discípulos para que ellos los repartieran entre la gente. En esta ocasión eran cuatro mil hombres, además de muchas mujeres y niños. A diferencia del milagro que estudiaste en la última reflexión, estas personas no eran judías. Aquí también sobró comida: siete cestas.
Dios se manifiesta para que haya alimento en tu casa. Nunca olvides que es Dios quien te sostiene. Cuando tengas problemas y pienses que no hay una solución, recuerda que para el Señor no hay nada imposible.
Actividad. En familia, comenten sobre alguna ocasión en la que han visto el poder de Dios obrando en sus vidas. ¿Cómo se sintieron en esa ocasión?
Oración. Gracias, Señor, porque para ti no hay nada imposible. Tu poder es grande y para siempre. En el nombre de Jesús, amén.