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Cuando Jesús visitó Caná de Galilea, vino a verlo un alto oficial del rey que tenía un hijo enfermo. El hombre le rogó que fuera a su casa y que sanara a su hijo, pero Jesús tenía otro plan. Consideró que lo mejor sería no acudir a esa casa, sino que el oficial regresara a casa solo con la certeza de que cuando llegara iba a encontrar a su hijo sano. Y así ocurrió.
Eso no era sencillo, pues el padre tenía que creer en la palabra de Jesús y demostrar que creía en lo que le había asegurado y que eso era más importante que el hecho de que lo acompañara. Este relato es una muestra de fe. Confía en el poder de la palabra de Jesús, quien es el único que puede ayudarte.
Actividad. En una hoja escribe la palabra «Dios» con jugo de limón y espera que seque. Después, pídele a un adulto que le pase un encendedor. ¿Qué sucedió? Así es la fe: debes creer, aunque no puedas ver.
Oración. Dios, te pido que mi fe sea grande y que pueda confiar siempre en tu poder. En el nombre de Jesús, amén.