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Un oficial del ejército romano tenía un esclavo en casa. A diferencia de muchos amos, este oficial no lo maltrataba, por lo contrario, lo respetaba. Tristemente, un día su siervo se enfermó, lo cual preocupó al oficial. Él sabía de Jesús, pero no se sentía digno de ir a él, ya que se consideraba pecador, además de que no compartía la misma nacionalidad. Por eso, le rogó a los ancianos judíos que abogaran ante Jesús a su favor.
Cuando Jesús se enteró, se puso en camino a la casa del oficial. Con todo, el oficial se anticipó a Jesús y le dijo: «Señor Jesús, no merezco que entres en mi casa. Basta con que ordenes desde aquí que mi sirviente sane, y sanará». Jesús se admiró al escuchar la respuesta del oficial, de tal manera que, a pesar de ser un extranjero, lo puso como ejemplo de fe a todos los oyentes.
Todos somos pecadores, pero gracias a la misericordia de Dios somos salvos y podemos ir a él en auxilio a nuestras preocupaciones y problemas.
Actividad. Dibuja una cruz en una hoja y dentro escribe: «Señor, confío en ti».
Oración. Gracias, Dios, porque me amas aun cuando peco. Ayúdame a confiar en ti. En el nombre de Jesús, amén.