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Saulo de Tarso era de familia judía, aunque ciudadano romano por nacimiento. Sus maestros lo consideraban un joven inteligente. Por desgracia, Saulo se volvió un enemigo de aquellos que enseñaban los discípulos de Jesús. Perseguía a los creyentes, los arrastraba a los tribunales donde los condenaban a la cárcel, y aun a la muerte, por el solo hecho de creer en Jesús.
Sin embargo, todo esto cambió. Cuando Saulo se encontraba cerca de la ciudad de Damasco, una luz brillante desde el cielo lo impactó tanto que cayó al suelo. Entonces escuchó su nombre. Era el mismo Jesús que le decía que a quien en realidad estaba persiguiendo era a El Salvador mismo.
Saulo estuvo solo durante tres días orando y pensando en todo lo que había pasado. Reconoció su error, se arrepintió y se entregó a Jesús. Fue ahí que Jesús transformó su vida. Así como ocurrió con Saulo, Jesús puede cambiar tu vida también.
Actividad. Elabora un árbol grande y coloca los frutos del Espíritu (gozo, paz, paciencia, etc.). Colócalo en la pared de tu cuarto.
Oración. Señor, ayúdame a reconocer mis errores y a permitir que cambies mi vida. En el nombre de Jesús, amén.