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Dios le ordenó a Isaías que fuera un profeta. Ser profeta era una labor difícil y desafiante. La misma seguridad de Isaías estaba en juego debido a que mucha gente no quería saber nada de Dios, y no estaba dispuesta a escuchar a ningún profeta. Cuando Isaías vio todo esto, se desanimó; entonces, Dios se le presentó en una visión. Isaías vio al Señor sentado en un trono. Unos seres como de fuego estaban por encima de él, cada uno con seis alas. Con dos alas se cubrían la cara, con otras dos se cubrían una parte del cuerpo y con las otras dos volaban. Todos cantaban: «Santo, santo, santo es el Señor todopoderoso; toda la tierra está llena de su gloria».
Cuando Isaías vio la grandeza y la majestuosidad del Señor, sus temores desaparecieron. Ese día, Dios le aseguró que sus pecados eran perdonados y que lo iba a acompañar en su misión.
Actividad. Mírate en un espejo y describe lo que ves. Busca partes del cuerpo en revistas, recórtalas y pégalas en tu cuaderno para formar una persona. Dios te creó con amor.
Oración. Gracias, Señor, porque me formaste y pensaste en mí antes de que naciera. Ayúdame a cumplir tu plan para mí. En el nombre de Jesús, amén.