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Aunque Cornelio no era judío, gracias a la relación que tenía con muchos de ellos llegó a conocer acerca de Dios y lo adoraba con corazón sincero. Era muy bondadoso, ayudaba a los pobres, era íntegro, amaba a Dios y oraba todos los días. También conoció sobre las profecías respecto a la venida del Mesías, pero no tenía conocimiento pleno sobre la vida y muerte de Cristo.
Dios conoce el corazón de cada persona; por eso, el Señor sabía el deseo de Cornelio de conocer a Jesús. Por lo tanto, le mandó un mensaje directo del cielo: un ángel se le apareció y le dijo que enviara a dos siervos suyos a buscar a Pedro. Cuando Pedro llegó, les compartió a todos el mensaje de Jesús y cómo gracias a él podían ser salvos. Cornelio, su familia y todos los que estaban allí creyeron y se bautizaron.
Actividad. En una hoja o cuaderno dibuja a un centurión romano, ponle el nombre de Cornelio y a su lado dibuja a un ángel.
Oración. Señor, gracias porque Jesús vino y murió por todos nosotros para que fuéramos salvos. En su nombre lo agradezco, amén.