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Setenta y siete

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“Dedíquense a la oración con una mente alerta y un corazón agradecido" (Col. 4:2, NTV).

Honestamente, ¿cuánto tiempo estarías dispuesta a orar por algo antes de darte por vencida? Hoy quiero compartir contigo la historia de Minka Disbrow, una mujer excepcional que oró por 77 años hasta presenciar un milagro. Cuando Minka tenía 16 años, fue a un bosque cercano con sus amigas del club de costura. Iban a disfrutar del sol y compartir un picnic en el bello estado de Dakota del Sur, en Estados Unidos. Sin embargo, mientras estaban en el bosque, un hombre atacó a Minka y la violó. Era el año 1928; Minka no entendía lo que le había sucedido y no habló con nadie al respecto. Ella aún pensaba que las cigüeñas traían a los bebés. Meses después, su madre notó que Minka estaba embarazada y la envió a un hogar luterano, para que pudiera dar a luz discretamente. La hija de Minka, Betty Jane, fue dada en adopción. Durante 77 años, Minka oró por su hija y continuó enviando cartas al director del hogar. Sin embargo, las leyes de adopción de la época no permitían a los padres biológicos contactar a sus hijos una vez que estos habían sido dados en adopción.

El 22 de mayo de 2006, en el cumpleaños de Betty, Minka oró una vez más: "Señor, me gustaría ver a Betty Jane antes de morir. Te prometo que no la voy a molestar ni interrumpir su vida. Solo quiero ver su rostro”. Aunque Minka no lo sabía, ese mismo día los documentos de adopción fueron desclasificados y la familia de Betty Jane los recibió. Meses después, Minka recibió un llamado telefónico de Brian Lee, quien resultó ser su bisnieto. Brian le preguntó si quería hablar con Betty Jane, quien ahora se llama Ruth Lee. Entonces, Minka descubrió que Ruth había sido criada por una pareja creyente, se había casado y tenía seis hijos (uno de los cuales es un astronauta y ha orbitado alrededor del mundo 517 veces).

Hace unos meses, tuve el enorme privilegio de conversar con Cathy LaGrow, una de las bisnietas de Minka. Ella me contó acerca del reencuentro de Minka y Ruth, y del gran festejo que organizaron para celebrar el cumpleaños número 100 de su bisabuela, con toda la familia presente. Cathy está convencida de que una de las más grandes bendiciones que ha recibido en su vida es el ejemplo de su bisabuela Minka: jamás rendirse en la oración.

Señor, soy tan impaciente con mis oraciones... No recibo lo que pido porque abandono demasiado pronto y me canso de golpear a la puerta. ¡Perdóname! Ayúdame a perseverar en la oración. Tus promesas son fieles.

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