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EL DIOS QUE DIRIGE SU IGLESIA

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“Y Dios sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo constituyó por cabeza suprema de la iglesia, que es su cuerpo, la plenitud del que llena todas las cosas en todos” (Efesios 1:22, 23).

Desde la cárcel en Roma, Pablo no cesaba de orar para que Dios diera a los creyentes la sabiduría y las revelaciones necesarias para que pudieran entender el ilimitado poder divino. Él sabía que, si alguno de nosotros tuviera falta de sabiduría, pidiéndola a Dios nos será dada (lee Sant. 1:5). Y cuánto la necesitamos, pues solo con sabiduría de lo Alto podemos llegar a entender que Dios utiliza su poder para beneficio de sus hijos, de lo cual nos dio una muestra al resucitar a Cristo de los muertos. Ahora, ya todas las cosas están sujetas a Cristo, y aunque esto no es reconocido en todo el universo, tanto en el cielo como en la iglesia Cristo es declarado y proclamado como Señor y Rey. 

Una de las revelaciones que Pablo hace en su oración es el hecho de que Dios nos ha dado a Cristo como cabeza de la iglesia. Ese es el lugar que le corresponde al Hijo dentro del plan de redención, y esa es la relevancia que el Padre concede a la iglesia para la salvación del ser humano. La iglesia es, nada más y nada menos, que el cuerpo de Cristo; por tanto, es prerrogativa de Cristo dirigirla, lo cual incluye proveer la visión, la misión, las estrategias, la victoria, los recursos y todo lo que la iglesia necesita. Cualquier intento de buscar estas cosas fuera de Cristo traerá derrota y ruina espiritual a su iglesia. 

Siendo que Cristo es la cabeza de la iglesia, entonces la iglesia está plena en Cristo; gracias a Cristo, a la iglesia no le falta nada. Esta realidad nos lleva a entender que, de alguna manera, la iglesia está llamada a ser una muestra de lo que será este mundo cuando Cristo sea proclamado Rey, no solo de la iglesia, sino de todo el universo. 

Tal y como Pablo indica, si Dios nos da sabiduría respecto a este misterio que él nos ha revelado a través de su Palabra, podremos entender mucho más y mejor la esperanza que tenemos en Cristo, la herencia que nos aguarda, el poder que Dios ha desplegado para hacer posible esto, y el privilegio que tenemos de ser el cuerpo de Aquel que todo lo llena, para desplegar delante de todos su poder, señorío y autoridad. ¿Qué te parece si hoy hacemos una oración similar a la de Pablo? 

Querido Padre, danos sabiduría para conocerte cada día más y mejor. Amén.

 

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