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EL DIOS DE LA FE, NO DE LA LÓGICA HUMANA

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“Sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:6).

Se nos hace difícil creer en lo que no entendemos o no hemos visto. El lema “Ver para creer”, tan común en el mundo secular, nos afecta a veces, sin quererlo, incluso en nuestra relación con Dios. Pero esto tiene consecuencias; la primera, que nuestra falta de fe y nuestra necesidad de pruebas desagrada a Dios. La Biblia dice que es imposible agradar a Dios sin fe, porque Dios desea que sea a través de la fe que comprendamos las realidades de la existencia, y no al revés. 

Dios es un ser infinito, por lo que no es posible para seres limitados y finitos como nosotros entender sus pensamientos y su forma de actuar. Tenemos información acerca de él, pero con la salvedad de que hay cosas que para nosotros son secretas (Deut. 29:29). ¿Cómo podríamos los seres finitos entender a un ser infinito cuando interviene o decide no intervenir? Es precisamente en esos momentos cuando la fe entra en acción. La fe es la capacidad especial que Dios nos da para que podamos creer y aceptar su Palabra, aun cuando desafíe nuestra lógica; y para que podamos seguir confiando en la presencia divina y perseverando en el caminar cristiano aun si no entendemos lo que está sucediendo. 

No puede haber vida cristiana sin fe. No podemos vivir tomados de la mano de Dios sin ejercer fe. No podemos estar a la altura de los requerimientos divinos si vivimos basados en lo que vemos y sentimos. La relación con Dios no puede fundamentarse en la capacidad de nuestros sentidos para ver, oír, pensar y llegar a conclusiones. El lema del cristiano, contrario al lema secular, es: “Porque andamos por la fe, no por vista” (2 Cor. 5:7). 

La capacidad más grande que puede desarrollar nuestra mente es la de creer lo que Dios dice. Eso no es algo “lógico” para los seres humanos, por lo que necesitaremos un don especial de parte de Dios. La buena noticia es que ese don está disponible para todos, porque Jesús es el autor y el consumador de nuestra fe (lee Heb. 12:2). A él debemos pedírsela. 

Afortunadamente, nuestro Dios es la fuente de todo lo que tiene sentido y de toda verdadera lógica, pero nunca olvidemos que él no es humano, es divino. Por lo tanto, más de una vez tendremos que echar mano de nuestra fe para seguir creyendo que vendrá lo que esperamos y convencernos de lo que nunca hemos visto. Eso es fe. 

 Que Dios haga y sustente tu fe. Amén.

 

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