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EL DIOS DE BONDAD ILIMITADA

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“Prueben, y vean que el Señor es bueno” (Salmo 34:8, DHH).

La palabra “bueno” es una de las que más usamos para referirnos a Dios. Nos gusta repetir, incluso a coro: “Dios es bueno todo el tiempo, todo el tiempo Dios es bueno”. Así es, este es un concepto sencillo, abarcador y entendible para la gran mayoría. 

Usamos la palabra “bueno” para indicar que algo o alguien nos llena, nos sirve para lo que dice servir, o sencillamente nos es favorable o satisfactorio. Es decir, que nuestra idea de algo o alguien que es bueno casi siempre tiene que ver con momentos agradables que nos hizo pasar, bendiciones recibidas o sentimientos de alegría y satisfacción que experimentamos gracias a ese alguien o ese algo. Pero cuando se trata de Dios, la bondad no podemos someterla a los sentimientos que él produce en nosotros, sino verla como una cualidad perfecta y eterna que impulsa todo lo que él hace. 

Dios es bueno cuando complace nuestras peticiones y es bueno también cuando nos las niega; Dios es bueno cuando elimina el problema que nos agobia y es bueno también cuando permite que tengamos que seguir pasando por esa dificultad. La bondad de Dios no queda probada cuando nosotros estamos felices o satisfechos con lo que él ha hecho. Más de una vez su bondad consiste en permitirnos pasar por momentos de necesidad, tribulación y completa dependencia, con el propósito de desarrollar en nosotros cualidades que nos harán semejantes a Jesús. 

Contaba Teresa de Calcuta que, un día, conoció a una mujer que estaba muriendo de cáncer en condiciones terribles, y le dijo: “Este dolor es solo el beso de Jesús; es un signo de que te has acercado tanto a Jesús en la cruz que él puede besarte”. La mujer le respondió: “Por favor, dígale a Jesús que deje de besarme”. Estas palabras ponen de manifiesto que nos cuesta ver la bondad de Dios a través del dolor. 

Con sabiduría, Job entendió y planteó este dilema que tiene toda persona que piensa que Dios es bueno solo cuando se lo da todo en la vida, pero cuando se lo quita, siente la tentación de considerar que el Señor es malo. Esto no es así, no caigas en esa tentación. Dios es bueno siempre, y eso no depende de tus sentimientos ni de tus experiencias, depende de su naturaleza. 

Te invito a probar y ver que Dios es bueno. Pero si no puedes “verlo” con tus ojos carnales, créelo con los ojos de la fe. Aunque tengamos dilemas, Dios, que es bueno, nos hará entender.

 

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