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DIOS ES NUESTRO DIOS PARA SIEMPRE

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“Este Dios es Dios nuestro eternamente y para siempre; él nos guiará aún más allá de la muerte” (Salmo 48:14).

El mensaje cristiano no es un programa que tenga como objetivo darnos comodidad aquí y ahora, hacernos felices en esta vida pasajera, cumplir todos nuestros sueños y resolver nuestros problemas en este mundo. No, para nada. El cristianismo nos enseña a someter nuestra vida al control de Dios, a glorificarlo dándole un servicio de amor humilde y desinteresado sean cuales fueren las circunstancias, y a prepararnos para vivir con él por la eternidad. El plan de Dios no es llenar esta tierra de personas que vivan contentas y acomodadas hasta que mueran, sino guiarnos por este valle de lágrimas para que, después, él pueda crear una Tierra Nueva, y entonces sí llenarla de seres transformados que podamos ser completamente plenos en su presencia. 

Lo que Dios quiere para nosotros aquí y ahora es que seamos personas que se comprometan con él para siempre, mientras dure nuestra vida terrenal; porque él se ha comprometido con nosotros por toda la eternidad. Esta perspectiva es importante para entender la forma en que Dios obra en nuestra vida. Puede frustrarse la persona cuya visión de vida se limite a su existencia en este mundo, por eso es tan crucial reparar en el texto de hoy. Nuestro Dios no es un Dios de corto alcance, no es el Dios a quien debemos buscar si lo único que nos preocupa es el día de hoy o el de mañana. Dios es para siempre; él va a seguir guiándonos más allá de la muerte, es decir, después de esta vida. 

El plan de Dios para nosotros es más abarcador incluso que los sueños que podamos tener. Nosotros no podemos soñar más allá de este mundo, porque estamos limitados por la realidad inmediata que nos rodea y que es la única que conocemos. Por eso nuestras oraciones se centran casi siempre en pedir a Dios que nos ayude con los problemas que tenemos aquí. Sin embargo, también deberíamos tener presente la vida que tendremos después de la muerte, y pedir a Dios que nos guíe eternamente y para siempre. 

Confiemos en Dios; esperemos a ver los planes que él tiene para nosotros y que, según su Palabra, son planes para nuestro bien y no para nuestro mal (ver Jer. 29:11), planes de “cosas que nadie ha visto ni oído, y ni siquiera pensado” (1 Cor. 2:9, DHH). Sería triste no alcanzar a ver qué hay después de todo esto, ¿no crees?

 

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