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Una Influencia Poderosa

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«No se dejen engañar: las malas compañías corrompen las buenas costumbres» (1 Cor. 15:33, RVC).

La amistad te cambia; no solo por dentro, también por fuera: en tu modo de hablar, de vestir, de divertirte y pasar tu tiempo libre, e incluso de comportarte. De hecho, la amistad se profundiza cuando nos damos cuenta de que nos hace mejores, generando en nosotras el entusiasmo por llegar a ser lo mejor que podemos ser. Eso se llama «influencia».

La experiencia de Jesús con sus amigos, especialmente con los discípulos, es una maravillosa muestra de que la amistad nos transforma por la influencia mutua. Los discípulos fueron totalmente transformados gracias a su relación de tres años y medio con Jesús. ¡Solo tres años y medio! ¿Te imaginas el potencial para el bien que tiene una amistad cristiana para toda la vida?

La amistad es un regalo precisamente por eso, porque es una oportunidad de cambiar. Al ser la amiga, un espejo en el que nos miramos, se convierte en una herramienta que nos ayuda a darnos cuenta de nuestros defectos y a potenciar nuestras virtudes. Por supuesto, también está la otra cara de la moneda: «Las malas compañías corrompen las buenas costumbres» (1 Cor. 15: 33, RVC).

«Es misterioso el vínculo que une los corazones humanos, de manera que los sentimientos, los gustos y los principios de dos personas quedan íntimamente fusionados. El uno recibe el espíritu del otro y copia sus modales y actos. Como la cera conserva la figura del sello, así la mente retiene la impresión producida por el trato y la asociación con otros. La influencia puede ser inconsciente, pero no por eso es menos poderosa. [...]

» Si eligen compañeros que temen al Señor, su influencia los conducirá a la verdad, al deber y a la santidad. Una vida verdaderamente cristiana es un poder para el bien. Pero, por otro lado, los que se asocian con personas de moral dudosa, de costumbres y principios malos, no tardarán en andar en la misma senda. El impulso de las tendencias del corazón natural es hacia abajo. [...]

» Aquellos que quieran adquirir un carácter íntegro deben elegir como sus amistades a quienes sean de inclinación seria, reflexiva y religiosa. Los que han contado el costo, y desean edificar para la eternidad, deben poner buen material en su edificación» (Consejos sobre salud, cap. 8, pp. 311-312).

En la verdadera amistad cristiana, cada amiga es una buena influencia para la otra, y de eso todos se dan cuenta, incluido el Señor.

«La amistad se acrecienta cuando perfecciona a esas dos personas».
Enrique Rojas.

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